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Animal urbano

CONRAD FlOREZ

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Por Manolo Bonilla -Fotografías de Alonso Molina

 

¿Cómo funciona el cerebro de uno de los artistasurbanos más reconocidos del medio cuando se enfrenta a una pared?

La calle es Manco Cápac, a la altura de la cuadra siete de Larco, en Miraflores. En la pared, hay un Stormtrooper vestido con una camisa veraniega, casi tropical. El sol lacera, aún por la tarde, y Ricardo Conrad Florez Hurtado, el hacedor de esos dibujos, se ha puesto más bloqueador en la nuca. Tiene el bigote recortado, como el Chapo Guzmán; cinco tatuajes (Stefano Alcántara, Zhimpa, Steve Soto, de San Diego, y Paul Booth, el rey de los tatuajes del rock, se turnaron para dibujar sobre sus brazos) y la melena negra que llevaba hasta la cintura ha desaparecido y ahora se esconde bajo una gorra al revés. Para Conrad, que ha pintado en Wynwood, en Chicago, en París y próximanente en Ángola, cada mural tiene un ciclo de vida. Al lado del Stormtrooper, hay un perro calato peruano. Esa porción, donde luego estará dibujado Chewbacca, forma parte de un mural anterior. Es decir, en esa misma pared hay un palimpsesto de obras pasadas, una sobre la otra, reciclándose, reinterpretándose. Lo que hace el artista es legal. No es el bombing de las firmas espontáneas en cualquier pared. Prefiere tocar la puerta, preguntar si desean que les pinte la fachada y dedicarle la misma dedicación que podría darle a un cuadro en su casa. En el segundo piso, encima de la fachada con los personajes de Star Wars, está la productora de un amigo suyo.

Conrad es una voz alemana pero el artista que firma así nació en Ventanilla. Cuando se enfrasca con un mural puede dilatarse durante horas, concentrado frente a la pared, con Delinquent Habits, una banda de rap chicano y hip hop, en los audífonos y un pincel en la mano. En Ciudad del Deporte, cerca a La Pampilla, el barrio que vio sus primeros murales, Conrad supo pasar sus veranos así, lejos de los vecinos que fumaban pay. Dibuja desde el colegio, en las últimas páginas de los cuadernos y en las casacas de promoción de sus amigos. Le pedían a Kurt Cobain y a Axel Rose, que él luego transformaba en su cabeza. «Copiar no es lo mismo que percibir. Yo hacía los diseños, a mi estilo, con plumones y luego los vendía o regalaba. Disfrutaba hacerlos en el momento pero no me aferraba mucho a ellos. Nunca me sentía satisfecho con lo que hacía, esperaba algo mejor. Pasa con un mural también, cuando lo acabas ya no te pertenece». Hubo un tiempo, breve, que trabajó para una agencia de dibujos animados. Le pedían manos, pies y ojos en serie, que luego serían incrustados en personajes sin futuro. Sobre ese proceso en la educación, Conrad siempre ha renegado. «Te ponen un chip, te dicen que no debes pintar fuera de la raya, que todo lo que hagas debe tener un mensaje. Pero si yo pinto en la calle, ¿por qué debería tenerlo? ¿Por qué no puede ser solamente una expresión de libertad?».

Ahora pinta con satinado, que es casi como el acrílico. Una pintura barata, que seca rápido y que tiene más intensidad en los colores que el mate. Conrad no bocetea y se empeña en usar una palabra, más propia de los surfistas, para hablar de su oficio: fluir. Para él, todo fluye en su cabeza antes de empezar. «Lo único que planeo son mis viajes y cómo pagar mis deudas». El primer brochazo te da seguridad, había dicho en una entrevista para la televisión, cuando la conductora se sorprendió de la velocidad de sus trazos para completar un retrato de B. B. King en la pared de un cuarto adolescente.

 

el2  Conrad, el artista urbano que dibujó para bandas como Cypress Hill, Korn y Deftones, también trabajó desde el 2005 brandeando marcas como Converse, Nike y Sullen. Con esta última, una firma de ropa inspirada en el arte de los tatuajes, sigue trabajando. Hace una semana, viajó a Pasadena para intervenir uno de los nuevos locales. Si se define como artista es solo porque vive de lo que hace. Un cuadro suyo puede costar cinco mil dólares para el público norteamericano (que lo tiene). No solo pinta personajes de la cultura popular o íconos musicales, también hace abstractos decorativos para interiores. «A veces armas un par de cuadros o chambas de banners para publicidad y lo haces en un día. Con eso, ya te cubres el mes. Siento que la finalidad del arte es experimentar y poder vivir del arte con todas sus gamas», dice Conrad, mientras mezcla pinturas para obtener un turquesa playero. Para él, esa es una característica vital del arte: que se note el trabajo físico, más que el virtual. «En la computadora pintas con colores que tu no has creado».

 

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