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Una mujer particular

Cat Power, ícono mundial de la música indie, se presenta el 2 de marzo en el Auditorio del Colegio Santa Úrsula. Esta es la historia de una mujer arrebatada que cuando canta parece susurrar.

Por: Martín Balz

La han llamado neurótica y huraña; su música, por el contrario, hace gala de su lucidez. A Cat Power se la ha visto en festivales que apoyan la cooperación por la paz entre Palestina e Israel, pero también corriendo desnuda por un aeropuerto. La historia de esta compositora se caracteriza por sus altos y bajos. Hija de padres divorciados, fue alumbrada en el estado sureño de Georgia. Nació prematuramente, lo que casi la dejó ciega y sorda. Luego de dejar el instituto empezó a actuar con el nombre de Cat Power en Atlanta. Ni bien tuvo la oportunidad se trasladaría a Nueva York, donde sería empleada de en una tienda llamada Todd’s Copy, uno de los centros artísticos del SoHo de los noventas. En esa misma tienda se gestarían sus primeros discos. En la ciudad del Empire State, conocería a Steve Shelley, baterista de Sonic Youth, y a Tim Foljahn, de Two Dollar Guitar, quienes la animarían a grabar sus dos primeros álbumes: Dear Sir [1995] y Myra Lee [1996].

Desde el primero, Cat Power ha intrigado a la crítica. Sus canciones son confesiones en bruto: hablan de su estado mental [«sé que sueno a una persona loca, pero no lo estoy», dijo en una entrevista donde le preguntaron sobre su sintonía con otros mundos], de sus relaciones, de su paso por centros psiquiátricos. Una suerte de proceso de auto-evaluación. El impulso que necesitaba llegaría en 1996 de la mano del sello discográfico Matador Records, uno de los más reconocidos e influyentes de Estados Unidos, con los que grabaría What Would the Community Think y se haría del reconocimiento público. De allí en adelante no se cambiaría la camiseta de la disquera. Cat Power es en sí una dicotomía: una artista hipersensible que le ha cantado a sus miserias personales, y una que en sus épocas con más problemas no llegaba a tocar más de dos o tres temas enteros en cada concierto [una vez detuvo uno a la mitad diciendo «tengo que hacer pis»]. Historias van y vienen. Estas son cosas del pasado que, de seguro, ella no tendría problema en mencionar. Lo demás lo dice su música.

 

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