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China Suárez revoluciona Lima

«Vos no me podés prohibir nada», reclama Cielo, una adolescente de 14 años envuelta en un lío amoroso con un hombre una década mayor que ella. Eugenia Suárez –o China, porque Eugenia solo le dice su mamá cuando está enojada– parece tener la misma actitud rebelde de su personaje en Abzurdah, la película de Daniela Goggi. Aunque claro, las diferencias son obvias, Cielo perdió la cabeza por Alejo; China ha perdido la cabeza por Rufina, su hija de dos años que la espera en Buenos Aires.

Por Gabriela Ramos Traverso / Fotos de Carenina Salcedo  

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La China sube las escaleras casi saltando, su presencia se siente de inmediato en el penúltimo piso de un hotel miraflorino. «No puedo más con los panqueques que comí, el pantalón ya casi no me cierra», dice a modo de saludo. Durante los meses de rodaje de Abzurdah, que aborda desde cerca el problema de la bulimia y anorexia, la actriz tuvo que hacer una dieta intensa, basada en proteína animal, y bajó unos tantos kilos.

«Fue terrible. Paramos de filmar para navidad y año nuevo y yo tenía que volver más flaca. Tenía la mesa de navidad, pero no podía comer pan dulce, no podía tomar cerveza, no podía hacer nada». Ahora aprovecha para comer lo que sea, aunque con algunas restricciones: luego de esa experiencia –la primera dieta de su vida– la actriz se volvió vegetariana. «Antes amaba la carne, ahora tengo repulsión», aclara.

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El juego con ella parece ser así: a todo o nada. Se sienta cerca de la piscina y prende un cigarro luego de ver un cartel que prohíbe fumar en el área. Te habla mirándote a los ojos y no titubea al dar respuestas. «Yo a los catorce años era un terremoto, pero era mucho más naive», apunta haciendo distancia con su personaje en la ficción. «Las chicas de ahora nacen con otra información: las ves con unos mini shorts y tienen conciencia del cuerpo que tienen. Yo, a esa edad, era mucho más ‘varonera’».

Su adolescencia transcurrió en medio de sets de televisión, pero lejos de hacerla más vulnerable, esas vivencias la recrudecieron. Las críticas, dice, le importan poco o nada, a menos que vengan de alguien que realmente la conoce. Sin embargo, un halago hacia su trabajo siempre cae bien. Le pasó con Guillermo Francella y con Alejandro Awada, ambos consagrados actores argentinos. «Yo pensaba que ellos ni me conocían y, de repente, que hayan visto la película y me den buenos comentarios, es lo mejor que me pudo pasar», afirma mientras apura el cigarro y revisa, cada tanto, que no venga ningún encargado.

 

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Abzurdah, basada en la novela de la argentina Cielo Latini, relata el círculo de decadencia en el que se sumerge una adolescente envuelta entre un amor enfermizo y trastornos psicológicos y alimenticios. «Todos hemos estado absurdamente enamorados», reseña el tráiler, pero China, muy a su estilo, desmiente esa idea.

«Yo tuve la suerte de no haber estado absurdamente enamorada». El amor enfermizo no va con ella, aclara. «A mí me gustan las personas sanas, así que no atraigo a gente mala a mi vida y, si vienen, no duran mucho».

«¿Cuál es el truco para alejar a esa gente?», le preguntó. La respuesta llega con una sonrisa condescendiente: «valorarse, eso es lo importante».

Pero la actriz de 23 años no siempre tuvo las cosas tan claras. Hasta hace pocos años, si alguien no la quería como era, o la criticaba, ella se apartaba. «Siempre tuve un carácter bastante fuerte y difícil. Los mandaba a la mierda y no me importaba». Ahora afirma estar mucho más tranquila, dispuesta a escuchar lo que la otra persona tiene por decir.

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Parte de ese cambio lo produjo Rufina. Basta mencionarla para ver como China deja atrás la postura agresiva y rebelde, la mirada se le ilumina y se deshace en sonrisas. De chica, ella era la típica Susanita: soñaba con tener una familia con hijos, mascotas, casa con piscina, etc. Rufina, producto de su relación con el también actor Nicolás Cabré, transformó un poco esa idea. «En 2015, ya no es la madre y el padre juntos para siempre. Tengo la familia que soñé: mi hija, mi perro y ya. Estoy feliz».

La agenda se guía ahora por su rol de madre. «Mi energía va 100% a ella», admite. En unos días, tendría que viajar a Ecuador, donde también se estrenará la película, pero no podrá hacer el viaje. «También tengo un festival en España, pero no voy a poder ir», admite con cierta tristeza. «Es cuestión de establecer prioridades», señala aunque asegure que no tiene problemas en dejar a Rufina con el padre.

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Parece que Abzurdah, su primer protagónico cinematográfico, le trajo buena suerte. En unos días, empieza a rodar El hilo rojo, un nuevo filme basado en la leyenda japonesa que afirma que dos almas unidas por un hilo, no podrán separarse. También hay un proyecto musical en planes, pero a largo plazo. «No puedo hacer muchas cosas a la vez. Me enfoco en algo y necesito hacerlo bien».

Hasta el momento, hacer todo paso a paso parece darle buenos resultados: Abzurdah fue un boom en Argentina y parece ser que repetirá la historia en Perú.

–¿Cuál es la última palabra que se te ocurre para esta entrevista?– le preguntó.

«Creí que me ibas a preguntar por Rufina, así que amor. Son dos palabras que van juntas», concluye.

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