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¡Déjennos soñar!

En medio de un panorama político y social convulsionado, Hollywood se prepara para la edición 89o de los premios Oscar.

Por: Gonzalo ‘Sayo’ Hurtado

Desde antes de asumir la presidencia, Donald Trump ya había sembrado el temor en más de un sector de la sociedad estadounidense. Y es que de sus polémicas iniciativas ni siquiera los miembros de la Academia se podrían librar. En un clima en el que la exclusión y la radicalidad se plantean por decreto, Hollywood no podía haber elegido como su favorita algo tan opuesto a dicho contexto como la romántica La La Land de Damien Chazelle, que con sus 14 nominaciones y su alegoría a la época de oro del musical norteamericano, ha despertado a olas de soñadores seducidos por su colorido.

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Curioso también ha resultado el retorno del actor y director Mel Gibson, que apela a una nostalgia diferente con la vuelta a la gloria bélica intentando ser un moderno John Wayne, aunque cabe resaltar que con ‘Hasta el último hombre’ [Hacksaw Ridge] tuvo que escarbar en la Segunda Guerra Mundial, ya que ni Vietnam, ni la primera o segunda guerra del Golfo Pérsico, ni intervención alguna en el Medio Oriente, le daban esa chance por la que solamente aspira a ganar algún premio técnico.

Y ya que tanto se ha hablado sobre el aliento a la América blanca que ha impulsado el voto por Trump, la Academia carga sobre sus espaldas el reclamo de la comunidad afroamericana que el año pasado se indignó al no haber candidatos negros en las nominaciones. Así pues, los dramas ‘Moonlight’ de Barry Jenkins, ‘Fences’ de Denzel Washington y ‘Hidden Figures’ de Theodore Melfi tienen no solo esa carga reivindicadora sino sólidas actuaciones para borrar de un plumazo cualquier duda sobre el talento de esa minoría, sobre todo en el caso de las dos primeras.

Otras visiones aparecen en el horizonte estadounidense, como la mirada cotidiana al fenómeno ciencia ficción de ‘Arrival’ de Dennis Villeneuve, la crudeza marginal del western moderno en ‘Hell or High Water’ de David Mackenzie o la posibilidad de ingresar a un drama íntimo y poderoso como ‘Manchester by the Sea’ de Kenneth Lonergan, teniendo esta última grandes oportunidades de llevarse el Oscar a mejor actuación masculina para Casey Affleck, que viene demostrando un trabajo más interesante que el de su mediático hermano Ben. Respecto a este actor, se abre una gran paradoja en el seno de la Academia.

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Mientras el iraní Asghar Farhadi, nominado a Mejor Película Extranjera por ‘The Salesman’, se ve impedido de estar presente en la ceremonia por la orden de Trump de prohibir el visado a viajeros provenientes de siete países musulmanes, incluido Irán, lo que ha obtenido de Hollywood no es más que solidaridad. Sin embargo, la suerte del actor y director negro Nate Parker fue diferente. Cuando asomaba como favorito por El nacimiento de una nación, un antiguo cargo por violación del que fue absuelto en 1999, hizo que su chance se diluyera, mientras que Casey Affleck, que tenía cargos por acoso sexual contra dos mujeres en 2008, no le causo mella alguna a su nominación.

Así pues, en una noche en la que los discursos seguramente estarán a la orden [prepárense para batir las palmas], Hollywood no se hace problemas y prefiere sumergirse en el recuerdo de épocas mejores de la mano de La La Land, que obtendrá al menos seis o siete estatuillas [incluida mejor película]. Santo remedio.

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