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El hombre que corre en el desierto

Una mala noticia familiar cambió la vida del maratonista Diego Casabonne. ¿Qué lo llevó a convertirse en uno de los pocos peruanos que corren la ultramaratón Des Sables?

En 2014, la noticia lo embistió: a su madre le detectaron cáncer. Y producto del estado de shock su vida dio un giro notable. Así debía ser. Diego Casabonne tenía 26 años y 18 kilos de sobrepeso. ¿Si muero mañana, lo haría sabiendo que soy feliz?, se preguntó. Tenía un trabajo de oficina, un buen sueldo y aparentemente nada que cambiar. Pero sus inquietudes se movían en otra dirección: lejos de las resacas y el sedentarismo.
Empezó a levantarse por las mañanas para crearse una rutina de trote, cambió la comida alta en grasas por menestras y tubérculos; y las noches de fiesta y amanecidas por un estilo de vida más saludable.

«Todo nació a raíz de priorizar mi calidad de vida», dice. Antes, pasaba sus días en una oficina, teniendo como fin ascender de puesto, ganar más dinero, pero nada  más; hoy se aventura en los escenarios más extremos de la topografía nacional y en maratones que parecen interminables. El mismo año de la noticia, hizo maletas y se fue a Estados Unidos para participar en la Maratón de Nueva York -una de las más renombradas y exigentes del mundo-. Comenzó  a entrenar a diario y le hizo frente a una lesión en la rodilla que casi lo deja fuera de la competencia. Quería demostrarse que podía cumplir sus metas. Y lo hizo. 42  kilómetros corrió en la ciudad del Empire State y trazó una ruta hacia su futuro.

Se enamoró del trail running [carrera de montañas], una disciplina no muy practicada en el país. Porque combinaba su pasión por deporte y el amor por la naturaleza, dice él. El año pasado participó en la maratón Des Sables, que lo obligó a cruzar 250 kilómetros del desierto de Nazca, a lo largo de siete días. «Es definitivamente una carrera de supervivencia. Uno tiene que preocuparse por el clima, la alimentación y la mochila que carga, que pesa alrededor de 12 kilos», dice. Este año, Diego Casabonne se ha planteado vivir del deporte. Su siguiente prueba de fuego es la Patagonia, donde tendrá que enfrentarse a los vientos gélidos a lo largo de 160 kilómetros. «El verdadero desafío a la hora de correr siempre es superarse a uno mismo», finaliza.

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