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DOS HERMANOS EMPRESARIOS BUSCAN EL SOL

Escribe: Rebeca Vaisman / Foto: Alonso Molina

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Raffaella es la filosofía detrás de Capittana, la marca peruana de swimwear que ahora se vende en Chile, Australia y Estados Unidos. Stefano es su socio y el responsable de la diversificación de la empresa. A los hermanos Raffo los une el negocio, el verano como una herencia familiar y un peculiar culto por el sol.

 

 

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Durante los meses de verano, Raffaella Raffo se mueve entre su oficina en Barranco, el taller en Ate y los locales de sus proveedores en Gamarra. Debe reponer las piezas y planear por adelantado los nuevos productos. Desde diciembre, luego de chocar su carro, la empresa decidió asignarle un chofer. Ahora aprovecha el tráfico limeño para responder correos, coordinar reuniones, asignar nuevas tareas. «¡No paro nunca! ¡Te lo juro!», exclama, saliendo de su departamento en Sáenz Peña. A su agenda habitual, en los últimos meses se sumó el entrenamiento que siguió para participar en una carrera de Perú Runners. Sin embargo, con tantas tareas por cumplir para la preparación de la campaña de verano, se olvidó por completo de inscribirse en la carrera. Pero igual intenta mantener la rutina de correr por el malecón. En el trayecto hacia Chorrillos, tiene que pasar por la casa de su infancia: «Mi papá la construyó en el acantilado de Barranco hace treinta años, cuando nadie le daba bola a esa zona. Crecí con esta vista. Me levantaba todas las mañanas y lo primero que veía era el mar». Las ciudades costeras tienen una energía distinta. No es extraño que Raffaella haya decidido vivir siempre cerca de la playa.

Tenía casi catorce 14 años cuando se separaron sus padres, Luis Felipe Raffo y Gabriela Porcari. Sin embargo, el divorcio no empañó su adolescencia: «Mis papás lo supieron manejar. Hasta ahora se llevan muy bien y conversan todo el tiempo. Simplemente no eran el uno para el otro, lo entendieron, y cada uno siguió su camino en paz». Ese ejemplo la ha acompañado en sus propias relaciones. «¡Soy la ex menos conflictiva del planeta! Me llevo increíble con mis exenamorados. Me puedo sentar a tomar un café con ellos, feliz. Soy bien relajada en algunas cosas de mi vida», dice riendo.

Pero con el trabajo no es relajada. Antes de irse a Barcelona a seguir un MBA, creó Sereia, su primer experimento de bikinis y ropas de baño de diseño. A su regreso, la marca cambió de visión y se convirtió en Capittana, con diseños audaces y voz más desenfadada. Desde entonces es una máquina de tachar pendientes, «casi maniac», como ella misma se describe. Todo debe estar en su lugar y a tiempo. No hay ningún aspecto de Capittanna que Raffaella Raffo no asuma de manera muy personal. Es ella quien publica las frases que son compartidas cientos de veces desde el fanpage de la marca. «No posteo nada en lo que no crea. Quizás no todo me ha pasado y muchas frases son bromas. Pero también hay que burlarse de las cosas que le pueden pasar a cualquiera, en la vida y en las relaciones». Tres principios son los que guían a Capittana: el humor, la independencia y el estar tranquila con una misma —de preferencia, untada en bronceador y con un coctel cerca—.

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El otro capitán

Stefano Raffo ha empezado su día temprano, antes de las seis de la mañana, y ahora baja en su camioneta por la Costa Verde para correr las olas de Punta Roquitas. Este es el único momento del día en que puede desconectarse. Los amaneceres precoces del verano le entusiasman.

El hermano menor de Raffaella tiene 27 años y es su socio en Capittana desde hace tres. Stefano había vuelto un par de años antes que ella, luego de graduarse en Administración de Empresas y Negocios Internacionales de la Universidad de Queensland: «Durante el tiempo que estuve en Australia, aprendí a ser un hombre, literalmente: a cocinar, a lavar, a cuidarme. A llorar solo y a reír solo». De vuelta en Lima, su padre, un empresario turístico, le pidió ayuda con sus proyectos en la selva. Stefano se sintió halagado. Esa fue su primera experiencia compartiendo la oficina con familia.

Stefano veía con orgullo el éxito y la evolución del emprendimiento de su hermana, pero también reconoció en Capittana una oportunidad. Le propuso asociarse y crear una línea para hombres. Entonces lanzaron la primera colección de Capittana Man. Luego introdujeron carteras, bolsos y otros accesorios. Y, finalmente, Capittana Kids. Aún trabaja en la empresa de su padre, aunque admite que le pone «más corazón» a Capittana. «Hemos tenido difícil el camino —dice, mientras conduce por las playas de Miraflores—, pero no sabes lo entretenido que es no saber exactamente qué va a pasar. Raffaella y yo no tenemos nada asegurado, pero creemos en lo que hacemos. Creemos que Capittana es algo fresco y nuevo, y por eso le metemos punche». Stefano Raffo baja el volumen de la radio de su camioneta y señala el horizonte: «Mira. Ya hay gente en el mar». Le gusta llegar temprano.

 

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Vitamina D

Tres niños lindísimos y felices se trepan al velero del abuelo. Los ve claramente, como si fuera ayer. Gabriela Porcari repasa las fotos de sus hijos Daniella, Raffaella y Stefano, que aparecen jugando y riendo en el Ancón de los años ochenta. «Pasábamos semanas completas allá», cuenta Gabriela, sin ocultar la nostalgia. Recuerda las fiestas de carnavales, los disfraces de felinos y payasitos, las jornadas en Ancón a bordo de un velero, donde escuchaban historias de aventuras imaginarias en el mar.

«Siempre he veraneado en Ancón. Disfrutas más el día de playa que en otros lugares», dice Raffaella, mientras continúa su paseo por el malecón. Aprecia la nostalgia que le produce el balneario, inusual en una chica de 30 años tan activa y vital. La playa es el destino frecuente de sus viajes: estuvo en Playa del Carmen hace poco, y pasó el último año nuevo en San Sebastián. Incluso el nombre Capittana se le ocurrió en un avión rumbo a una playa de Colombia. Más que una costa paradisíaca, lo que busca es el sol: persigue al verano. «Necesito vitamina D», afirma con ansiedad. Por eso escapa del cielo plano de Lima cada vez que puede: cerca, como a Santa Eulalia. Lejos, cada vez que puede treparse a un avión.

Stefano se ha estacionado en Punta Roquitas. Como sufre de migrañas debido al estrés y las preocupaciones, necesita hacer deporte y liberar energía. Empieza a prepararse para entrar al mar: «Qué paja es poder apagar el celular un rato». Aprendió a correr tabla a los 10 años, y tuvo como maestro a un campeón: Gabriel Villarán. Sin embargo, durante mucho tiempo, dejó el surf por los estudios, el trabajo y los horarios. Recién hace un año ha regresado al mar. «Me he vuelto a enganchar. Mi conexión con el mar es increíble. La he sentido desde niño», dice mientras saca la tabla de su camioneta.

Mucho antes de viajar a Australia, a los 20 años descubrió una costra en el interior de su oreja derecha. Los exámenes médicos revelaron que se trataba de una forma de cáncer benigno: debían retirar el tejido malo y reemplazarlo por un injerto de su propia piel. Cuando cursaba el segundo año de sus estudios en Australia, notó que esa especie de costra había reaparecido en el mismo lugar. Gabriela Porcari tomó el primer vuelo para estar al lado de su hijo. Lo operaron por segunda y última vez, y el doctor le indicó alejarse de los rayos solares, los cuales podrían generarle rápidamente un cáncer maligno. ¿Un amante del mar, que creció navegando un velero en Ancón, puede evitar el sol? «Disfruto del mar y de la playa, y me encanta sentir el sol. Pero estoy siempre cubierto de bloqueador. Trato de estar bajo la sombra. Cuando me meto a nadar o a correr tabla, uso siempre una licra o un wetsuit», explica, y muestra el que se pondrá para meterse al mar. Stefano siempre encontrará la manera de gozar del verano.

 

Negocio de familia

Por el momento, Capittana se vende en Australia, Chile y en una tienda multimarca de Miami. Hace poco, una empresaria les compró un pequeño lote de bikinis para probar venderlos en el exigente mercado brasilero. Capittana navega viento en popa, aunque ha sufrido algunos embistes. El proveedor encargado de producir la segunda colección de Capittana Man los estafó. Este verano la línea para hombres regresará y confían en que volverán a posicionarse en el mercado. «En general, es complicado trabajar con la familia, sobre todo cuando se presentan momentos difíciles. Pero nosotros la tenemos clara», asegura Stefano.

Al enterarse de que dos de sus hijos se asociarían en la empresa, Gabriela Porcari se alegró, pues considera que las habilidades de ambos son complementarias. «Ser familia les da la ventaja de conocerse mucho, de comprenderse y de apoyarse incondicionalmente. Pero no es un camino fácil», reconoce Porcari, quien fundó hace más de veinte años su propia agencia de viajes. Sin embargo, su orgullo de mamá puede más que su cautela de empresaria: «¡Raffa y Stefano ya son un éxito!», asegura Gabriela, que guarda en su clóset todos los modelos de la marca.

En octubre del año pasado, Stephanie Porcari, prima de los Raffo, se unió a la empresa como administradora y tercera socia. Conocerlos en esta faceta le ha dado una perspectiva distinta de sus primos: «Ella es la creativa. Stefano hace lo que se propone, es pilas y motivador. Los dos realmente se complementan muy bien». Desde que los hermanos Raffo sumaron esfuerzos para que Capittana se ganara el mercado local, Stephanie quiso «subirse al barco». Y hasta hoy se ha cumplido lo que Stefano le dijo cuando la invitaron a formar parte de la sociedad: «No te podemos garantizar el futuro, pero sí te podemos asegurar que la vamos a pasar increíble».

El emprendimiento viene de familia. Los padres de Raffaella y Stefano son dueños cada uno de su propio negocio. Luis Felipe Raffo insistió en que Gabriela Porcari trabajara y apostara por una empresa propia. Sus hijos se lo agradecen enormemente. Raffaella es una chica que aprecia su independencia, disfruta la libertad y está totalmente enfocada en sacar adelante su marca. Stefano, por su parte, admira a las mujeres exitosas que se pueden valer por sí mismas (como su madre y sus hermanas). Tiene una relación de dos años y asegura que, recordando el ejemplo paterno, anima a su enamorada a ser la mejor de la universidad, a que haga deporte, y a que descubra qué quiere de la vida. «Las chicas deben tenerla clara. El mejor ejemplo de eso sin duda es Raffa», dice el menor de los Raffo.

De regreso a su departamento de Barranco, que comparte desde hace año y medio con una amiga, Raffaella Raffo confiesa que disfruta llevar el timón. ¿Cuán complicado puede ser para un chico convivir con tanta independencia? «Depende de su seguridad», responde ella, sin titubear. «Definitivamente no necesito que me rescaten porque mi vida me encanta. Hace solo diez años, una chica limeña que vivía sola y tenía su propia empresa hubiera sido un turnoff para la mayoría. Ahora no: a todo el mundo le gusta sentirse independiente», dice Raffaella, mostrando las huellas del bikini sobre su piel, como un grito de libertad.

 

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