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LA PILOTO DE KARTS

Grace Hemmerde

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Por Pablo Panizo- Fotografías de Alonso Molina

Grace Hemmerde no puede explicar lo que le sucedió el 31 de octubre pasado, en su tercera y última carrera de la temporada de karts. «No sé si estoy loca, si estaba alucinando o qué, pero lo sentí clarísimo», recuerda. Esa tarde, en el autódromo de Santa Rosa, al norte de Lima, cerraba su primer año como piloto. Tuvo dos primeras mangas que fueron lo mejor de su carrera hasta entonces y, de no ser por un choque al inicio de la tercera, podría incluso haber finalizado en el podio. Después de cruzar la bandera de cuadros en el quinto lugar, transpirando adrenalina y sintiendo el placer de una carrera inesperada, escuchó la voz de su padre: «¡Buena, choche! ¡La hiciste!». Eran el mismo tono y las mismas palabras de toda la vida. «Me felicitaba. Tal vez era yo la que me felicitaba a mí misma, pero fue una buena sensación», recuerda Grace.

El 2015 fue el año más duro de su vida, pero también en el que más creció. La muerte de su padre, el piloto Goody Hemmerde, significó un vuelco absoluto en su visión del mundo. Ya no estaba el hombre que más había querido, pero en lugar de derrumbarse tomó su vida por las astas. Ese verano, Grace se animó a subir a un kart y competir por primera vez. Experiencia de manejo tenía de sobra. Había cogido el timón desde que tenía uso de razón, sentada en las piernas de Goody, y conforme fue creciendo, hizo suyos los pedales y la palanca de cambios. Como copiloto de su padre, recorrió la sierra en viajes familiares, aprendiendo sus lecciones sobre cómo adelantar a un carro, tomar una curva, frenar o sentir el motor antes de meter un cambio. Cuando le confesó a su papá que tenía temor de aceptar una invitación para correr Las Dos Horas del Kartismo, él fue el primero en animarla. Si tenía la oportunidad, debía aprovecharla. Ella lo escuchó.

Pocos minutos antes de llegar a la meta, un choque múltiple le impidió finalizar la carrera, pero el bicho de los fierros ya había hecho su primer contacto. La emoción fue tal que, pese al intenso dolor de brazos que tuvo como secuela, decidió que quería competir durante el año en la categoría Senior, la más exigente del kartismo nacional. Su padre, sin embargo, le puso los pies sobre la tierra: si quería hacerlo tendría que buscar sus propios auspicios, porque él no la subvencionaría. La emoción de Grace Hammerde se desvaneció, como si su sueño hubiese sido un capricho. Sin embargo, cuando en marzo la familia vivió la trágica desaparición de Googy, Grace decidió actuar como su padre hubiera deseado. «Su muerte me hizo madurar mucho en un corto tiempo. Nunca me he tomado algo tan en serio. Nunca he peleado tanto por algo que yo he querido. Quizá seguiría siendo la niña engreída que le dice a su papá que quiere correr y no haría nada al respecto». Sus amigos le ofrecieron pagar todos sus gastos, pero ella los rechazó. Pese a la fuerte inversión que exige este deporte, aceptó únicamente el préstamo de un kart de segunda y se asoció con unos pocos auspiciadores. Eso le bastó para competir en tres carreras.

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Ya ha asegurado su participación en la temporada de verano de este año, pero continúa buscando apoyo de la empresa privada. Las carreras forman ahora parte esencial de su vida. Pasa sus días esperando los sábados de kartismo y anhelando cruzar la meta para volver a escuchar esa voz. Grace Hemmerde está en carrera y no está dispuesta a abandonar. ¿Qué podría detenerla ahora?

 

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gradecimientos: Foto 1: Body: Samka Foto 2: Body: Samka / Chaleco: Coco Jolie en Fascino la Galería Foto 3: Vestido: Edra en Fascino la Galería / Collar: Metric Accesorios en Fascino la Galería Foto 4: Body y Falda: Inmaculada / Casaca: Diesel Mercedes Benz 230 CE año 1981 (Contacto: Enrique Agüero 998 767 447)

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