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La rebelión del concepto

ANDES empezó como todos los artistas urbanos, con una lata en mano y un sueño en la cabeza. Ha pintado por todo el país y hoy se encuentra al otro lado del Océano Atlántico haciendo lo que sabe: arte de la calle.

Por: Jesús Cuzcano

Mientras esta nota se escribe, el grafitero ANDES está en Francia, dejando huella en los murales por los que pasa en el festival Dauphine Art Dauphine Art Days y trabajando en un proyecto de arte urbano con la Univer- sité París-Dauphine. Está allá para demostrar que, contrario a lo que se cree, el graffiti no es siempre un acto vandálico.

ANDES, así a secas -porque no da su nombre en entrevistas-, agarró su primer spray a los quince. En una pared de su barrio en Surco Viejo, sin mucha noción de lo que hacía, escribió sus iniciales: S.A.R.F.C., de color cromo y negro. Y luego salió disparado del lugar. Había crecido ojeando las historietas que le daban su tío y su abuelo, las artesanías que su madre fabricaba a mano y los cuadros al óleo que su abuelo pintaba; y sin saberlo aquella noche, eso que comenzó como un amague con lata en mano frente a la pared, se convertiría en el primer trazo de una carrera a tiempo completo.

Sería el primer atisbo a una trayectoria apoyada por marcas como Nike y Volcom, a la creación de un colectivo de arte urbano llamado Lima Love y a la presencia de su trabajo en diferentes partes del mundo. Para empezar a esparcir su arte de forma anónima se puso un nombre –o tag-: ANDES, en honor a sus raíces. Y se puso a pintar.

Él cree que el graffiti cobra vida de forma independiente al arte convencional, porque vive rozando la delgada línea que lo aleja del vandalismo. «Y yo creo que el graffiti siempre tendrá un lado vandálico», dice. «Pero es necesario inculcar que hay otras formas de exponerlo». ANDES ha trabajado con municipios como los de Surco, Miraflores o Barranco, con el propósito de inculcarle a los jóvenes que asistían a sus charlas la buena vida que se le puede dar a esas pintas que descansan sobre las paredes.

La idea es siempre dar un mensaje positivo; sin quitar la irreverencia de esta expresión. Porque si los mensajes malos pueden plasmarse en concreto sin pedir permiso, los buenos pueden hacerlo también. ANDES sabe que es difícil hablar del arte callejero porque hay una tara que a muchos no les deja ver más allá de la incomodidad. Lo cierto es que al graffiti se le puede apreciar, se le puede odiar; pero nunca ignorar. Y para este artista lo mejor sucede en medio: en el simple hecho de registrar una pinta en la memoria, en el simple hecho de mirarla.

 

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