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Maik Dobiey – La vida en retratos

Su profesión como biólogo apasionado por las serpientes cambió progresivamente por la fotografía de naturaleza salvaje y más tarde se orientó al rubro de sociales, donde es muy solicitado por su trabajo en bodas tanto en Perú como en el extranjero. Hoy, está orientado a los retratos familiares, donde rescata una mirada íntima desde sus propias vivencias.

Por: Sayo Hurtado | Fotos: Maik Dobiey

Una serpiente venenosa lo mira esperando su oportunidad. Pero aquel chico de 11 años le da la réplica sin miedo, con hambre de saber. Maik la manipula con cuidado y prudencia, ansioso de descifrar el misterio de aquel animal. Aquel curioso e inusual hobbie por los ofidios en su natal Recklinghausen, Alemania, siguió alimentándose hasta llevarlo a la biología. Ni siquiera un incidente durante su etapa universitaria lo frenó, cuando al fotografiar a una cobra esta le escupió su letal veneno en un ojo y fue preciso internarlo de urgencia. Cuando el miedo por perder la visión se disipó, una nueva vocación comenzó a nacer en él.

Pronto, el retratar animales salvajes alrededor del mundo se convirtió en una obsesión por la que terminó publicando su material en revistas prestigiosas como National Geographic y publicaciones especializadas y libros en gran parte de Europa, Estados Unidos, Sudáfrica y la India. «Mucha gente tiene este hobbie y gasta mucho dinero en equipos y viajes para hacer sus fotos. Ser fotógrafo de naturaleza es muy sacrificado y duro, y debes renunciar a muchas comodidades», explica Maik, quien al ver que su proyecto era difícil de sustentar comenzó a evaluar otras alternativas de vida.

Así, el destino le abrió una puerta al conocer en Alemania en 2006 a su actual esposa, la peruana Marlise Reynaud. Un año después ya estaba establecido en nuestro país, donde, influido por diversos fotógrafos, encontró un proyecto muy rentable al fotografiar matrimonios manteniendo una mirada hacia el estilo lifestyle, es decir, contando historias y evocando sentimientos desde escenas cotidianas. Fue tal su notoriedad que, por recomendaciones directas, ha fotografiado estos eventos hasta en 16 países. Pero Maik es amigo del cambio y no quiso quedarse atrapado en una sola faceta. Por eso se volcó a algo más inusual: los retratos de familias, una especialidad que puede ser poco comprendida en tiempos en que las generaciones son más audio visuales que antaño por el nivel de acceso a las redes sociales. «Cuando tomas fotos con tu celular, al final terminas el año con muchísimas de ellas y no las tienes catalogadas, y hasta las puedes perder por muchos motivos. Siempre vas a necesitar de alguien que las tome para recordar más cómo vivías ese momento», confiesa convencido de su búsqueda de naturalismo. Y lo cierto es que solo basta mirar con detenimiento su obra reciente para entender el tesoro emotivo que esconden sus fotos, volcadas a perpetuar la comunión familiar como si se tratara de la escena de una película y con un fotógrafo privilegiado e invisible a los ojos de sus modelos. Del chico que observaba serpientes queda la curiosidad insaciable que lo lleva a búsquedas mayores de las que ya no puede librarse. Y lo mejor: es inmensamente feliz al hacerlo.

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