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[AS 187] Modelo de vida

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Alexandra Hamann encarna la vida dentro del simétrico mundo del modelaje. Ha posado para marcas como Dior o Versace, ha sido partícipe de la semana de la moda en Miami, con solo veintiún años, y también imagen del Lima Fashion Week. Y si bien la modelo tiene la brújula con el norte apuntando hacia el éxito, tiene claro que el mundo del modelaje no dura para siempre. Esta es la historia y verdad de una mujer que pertenece a una de las industrias más grandes y glamurosas del mundo.

Por Jesús Cuzcano Fotografías de Gustavo Arrué

 

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Bikini dorado TOQUE D’ SOL

Top tejido de KIDS MADE HERE

Sombrero TOQUE D’ SOL

 

Alexandra Hamman sonríe. No posa para cámara alguna, pero sus gestos bien podrían confundirse con los de una sesión profesional. Para una mujer que lleva más de diez años ensayando sus ademanes y modelando para diseñadores como Ermenegildo Zegna o revistas como Xander Magazine o People, es natural la habilidad de resaltar aquello que mejor le sienta. Conocer la geometría de su cuerpo, como ella dice. Alexandra Hamann sonríe y lo hace bajo la naturalidad que solo puede darse en un paseo en auto a las ocho de la mañana. Lima se aleja detrás de ella. El equipo, acaso orquesta, que se mueve al ritmo de los flashes y el rigor de la dirección fotográfica la espera más adelante. Y mientras aguarda cuenta su historia. Pero, ¿por dónde empezar? Hablar del mundo del modelaje requiere cierta calistenia en la memoria numérica. Pues hay que tener fechas y números claros. Todo lo que gira en torno a su perfección, se mide y es adecuadamente cuantificado: años, kilos, centímetros. Alexandra lanza la primera cifra: trece. Esa fue la edad a la que todo empezó, casi por casualidad. Bajo la cotidianidad de un encuentro a la salida del colegio, una extraña se acercó a ella y la invitó a una sesión fotográfica que –luego se enteraría- sería para Disney. En esa ocasión modeló con billeteras, bailó. Cuando la modelo hace referencia a su pasado, se hace evidente el gen de coquetería que por su ADN corre. ¿Será heredado? Abre un paréntesis para explicarlo: su madre también fue modelo, y participó, entre otros certámenes, para alcanzar la corona de Miss Perú. Desde pequeña, Alexandra estuvo expuesta a conversaciones que giraban en torno al tema de la belleza. Quizá sin comprender el todo a qué se refería aquella premisa. «De grande, uno siempre es lo que fue de chico», dice, como abogando por ese dicho que afirma que todos volvemos, sin saber, a lo que fuimos en un inicio. Lo dice con voz de quien aún siente ternura por sus travesuras de niña, como haberse escapado del colegio a los trece para llegar a una audición o haber fabricado la ropa de sus Barbies a los quince. Cierra el paréntesis. Pero por más premonitorio que pueda parecer, que una niña con madre modelo se dedique al mundo de la moda, eso no fue lo que la llevó a donde se encuentra hoy. Por el contrario, sus padres no querían que ella fuera parte de las pasarelas. Las cámaras debían alejarse de ella o viceversa. Y no era para menos. Si del mundo del modelaje se habla, hay que tener en cuenta el lado oscuro que tras su belleza se esconde; empezando por la numérica mencionada, la que rige la belleza de quienes se dedican al oficio. Los años pasan y la piel no es la misma. Alexandra dice que hay que pensar a fututo. Sabe que en este negocio todo es finito, como una cuenta regresiva que da marcha cuando se toma la primera foto. La eterna juventud es una falacia: «Hay que tener un plan, la belleza se acaba».

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Ropa de baño NEL BLUE

Vincha DO IT!

 

La segunda cifra que lanza es diecisiete, edad en la que empezó a tocar puertas por su cuenta en Estados Unidos. Lo cuenta con frescura: «Hice mis portafolios y me fui a Estados Unidos. Llegué a Elite Model Management, una de las agencias más grandes en Miami. Y terminaron contratándome el mismo día». Y su cuenta continúa: treinta. Esa es la edad en la que una modelo ya debe tener claro en qué otra arista del modelaje busca desempeñarse. Contra toda autoestima susceptible, debe comprenderse que no todas pueden ser Naomi Campbell, esa modelo británica que con cuarenta y seis años sigue siendo una de las más solicitadas en el mercado; o Kate Moss, quien a sus cuarenta y dos es imagen de la firma francesa Equipement. El diseño de prendas es una opción. O, como es el caso de Alexandra, el marketing en el fashion retailing. No por nada se encuentra cursando un post grado en el Art Institute de Houston. Hace una pausa necesaria: «Todos piensan que, por ser modelo, eres hueca».

Y es verdad. Aquella afirmación no debe ser ajena para quien alguna vez haya hecho alguna broma acerca de cómo Giosue Cozzarelli, la señorita Panamá, en 2009, dijo que Confucio era quien había inventado la confusión. Pero salvando las distancias, Alexandra Hamann ahonda en la brutalidad de aquella afirmación. Cuenta que en las sesiones de fotos, entre bromas, camarógrafos o coordinadores lanzan frases sarcásticas como: «Déjala, es que ella es modelo», apelando a su aparente falta de comprensión. Por más de que se intente disfrazar comentarios como ese con el velo de la comedia, la convicción es errada. Pasa lo mismo cuando se hace referencia a otro tema igual de delicado: el pesaje. La modelo recuerda un episodio en su vida: a sus veintitrés años se encontraba un poco subida de peso [lo que, para una chica de 1.76 metros de estatura como ella, se traduce en pesar poco más de cincuenta y cinco kilos], y en medio de una sesión fotográfica en la que se encontraba alguien dijo antes de romper en risas: «Este no es un comercial de embutidos». Ella cuenta que reaccionó con la gracia de quien escucha un chiste al azar, aunque con cierta diferencia. No es para menos, comentarios como ese tocan hebras muy finas en la constitución del querer propio. Se podría pensar que hablar de una mujer que aparece en portadas de revistas o pasarelas, es referirse a un ejemplo de la seguridad femenina. No es así. «Hay muchas modelos con baja autoestima», dice. «Pero influye mucho tu entorno, tu familia, el hecho de tomar muy en serio, o no, las críticas que recibes». ¿De qué depende que te veas más o menos afectado? «De saber para qué eres realmente bueno. No puedes meterte a hacer algo que no sabes». Porque nunca faltan los críticos o los directores que se presentan como un «Simon Cowell, de American Idol», como ella dice. Esos que sentencian con las siguientes palabras la mecánica bajo la cual está regida la industria de la perfección: «Tú, no me gustas».

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Ropa de baño de NANDO & LOLA

Camisa COCO JOLIE

 

Pero, Alexandra, ¿qué gusta? ¿Qué decreto inapelable dictamina la belleza de una mujer, por qué un cuerpo debe adecuarse al mercado? O, replanteando la pregunta, ¿por qué, así como la ropa, la piel también rige sus cambios por las tendencias en la industria? «Es algo que también quisiera llegar a comprender del todo –dice-. Es increíble cómo el estereotipo de belleza ha ido cambiando con el tiempo. Si bien antes se preferían las mujeres delgadas, hoy se opta más por la moda Boy, que es encarnada por aquella mujer que no tiene nada». Lleva las manos a su pecho y hace un ademán indicando voluptuosidad. «Mientras menos tengas, más perfecta te consideran». Sonríe de nuevo, lanza una broma; más que criticar prefiere contar las cosas como son: «Uno tiene que saber en qué mercado encaja. Yo sé, por ejemplo, que en el newyorkino no entro; en el de Miami sí». Dice que la idea es no perder su esencia. Su norte es claro, apunta hacia el éxito sin caer en la desmesura de los excesos. Ya sea si se refiere a su cuerpo o a su filosofía de vida, la idea es buscar ese equilibrio del que tanto se empeña en hablar. «El esfuerzo por buscarlo es lo que lo hace a uno feliz. Te ayuda a crecer como persona». La entrevista termina y la modelo baja del auto. Camina hacia un grupo de personas que preparan el escenario de su siguiente producción, en una playa en el kilómetro cuarenta y dos de Lima. Sí, el modelaje no dura para siempre; pero eso no significa que no pueda disfrutarse mientras dura. La piel se arruga, pero la belleza es eterna, como el instante en el que Alexandra Hamann mira fijamente a la cámara. Esta vez sin sonreír.

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Bikini turquesa TOQUE D’ SOL

Salida de baño CUANDO CALIENTA EL SOL

Blusa blanca de KIDS MADE HERE

 

Producción: Arianne Strobach

Asistencia de fotografía: Chiara Guglielmino

Styling: Estrella Carbone

Maquillaje: Titi Cantone

 

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