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Un hombre de mar

Fernando Guinand bucea hace cuatro años, está por convertirse en Dive Master y está llevando un curso de fotografía submarina. Ni la corriente más fuerte puede quitarle el amor por las profundidades.

Por: Germán O. Rivera | Fotos: Gonzalo Cortéz – @memoriasdeunchazqui

“Yo soy un hombre de deportes extremos”, es lo primero que Guinand menciona antes de explicar que conoció el buceo hace cuatro años en la escuela San Bartolo Divers. Ser un hombre ordenado fue su secreto para aprender rápido y ahora está por culminar su preparación para ser instructor. A lo largo de estos años, Fernando también cursó con éxito seis especialidades, la cuales van desde ser buzo de rescate hasta bucear de noche. En este horario, quedó maravillado con la luz que producía el plancton al agitarse.

Esta actividad, según comenta Fernando, es más que solo sumergirse en la profundidad del mar con algunos peces. Su preparación comienza la noche anterior. Él se asegura que sus tanques se encuentren en las medidas correctas y que su equipo esté limpio. Al día siguiente se levanta entre las cuatro y cinco de la mañana para hacer un poco de ejercicio antes de subir todos sus implementos para bucear. A las ocho de la mañana se encuentra con sus compañeros en San Bartolo y, después de unos 45 minutos y cambiarse en el camino, logra sumergirse para visitar su lugar favorito.

Entre sus experiencias más emocionantes se encuentra la vez que estuvo una semana entera buceando en Roatán, Honduras, en un centro de buceo especializado. En aquel viaje, logró nadar entre tiburones de arrecife de unos tres metros de largo. Después de jugar con ellos un momento, un hombre con un traje de metal abrió un barril que contenía la comida de los escualos. Fernando, arrodillado cerca de los arrecifes, contempló como 14 tiburones consumieron el barril completo en cinco segundos. Además, en aquel mismo lugar, logró llegar a la mayor profundidad para él hasta ahora: 45 metros.

Ahora Guinand tiene el objetivo de bucear a 60 metros de profundidad, convertirse en un instructor y popularizar el buceo haciendo entender a las personas que “bucear en el Perú es posible, incluso en Lima”. Su espíritu de amor por el mar lo lleva a limpiarlo cada vez que se sumerge y, sin duda, Fernando es un hombre que ama el mar y que está dispuesto a lograr que más gente conozca los beneficios de sumergirse en las profundidades. Para él, bucear significa encontrar aquella paz por la que tanto amor siente.

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