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El calor de las gallinas

Lo de Marisa Guiulfo y las gallinas es mucho más que una colección. La pionera del catering en Lima y dueña del restaurante La Bonbonniere encuentra en cada escultura, cada servilletero, cada almohadón en forma de gallina una conexión con la esencia familiar, y no desaprovecha una oportunidad para llevar una nueva a casa.

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De niña, cada vez que el frío de Lima la hacía temblar, Marisa Guiulfo corría al lado de su madre. “Ella siempre estaba bien calientita”, recuerda con una sonrisa. De ella no solo aprendió innumerables secretos de cocina, sino también el valor de la dedicación familiar. Adela Zender, su madre, solía decir que era una mamá gallina, y que Marisa y sus hermanos Lucho, Armando y Titi eran sus polluelos.

Han pasado más de cincuenta años desde entonces, pero Marisa Guiulfo aún conserva intactos los recuerdos de su querida mamá gallina. Quizá por ella es que estas aves han sido siempre para Guiulfo sinónimo de calidez y protección. Para entender lo mucho que significan las gallinas para Marisa, basta ingresar a su casa y posar la mirada en cada rincón. Por treinta años ha coleccionado gallinas de todo tipo -desde servilleteros y manteles hasta cuadros, recipientes y esculturas- y solo en su cocina hay más de cien de ellas acomodadas entre las alacenas.

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Entre los regalos de sus amigos –«compiten por ver quién me regala la más linda», cuenta Marisa entre risas- y sus propias compras, no resulta extraño que haya perdido la cuenta de sus gallinas. Más de medio millar, de todas maneras. Tampoco recuerda cuál fue la primera de su colección, pero sí que el último par lo compró en un reciente viaje a China, a donde fue invitada para la ceremonia de los Premios Gourmand, un galardón que reconoce a los libros más influyentes del mundo de la cocina. Entre seis finalistas, ganó un premio en la categoría Entretenimiento por su libro CELEBRA LA VIDA, en el que narra los pasajes más felices de su vida y sus recetas más emblemáticas.

Sentada en su sala repasa las hojas del libro, y entre ellas se dejan ver, estampadas, varias figuras de gallinas. «Es que son parte de mi vida», se justifica Marisa. «Lo más importante para mí ha sido siempre celebrar la vida. La de mi familia, la de mis amigos, la de mis clientes», dice revisando el título. Preocupada siempre por sus cuatro hijos y diez nietos, no es difícil ver en ella la imagen de su madre. Hoy son ellos sus polluelos y ella, la orgullosa mamá gallina.

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