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Inés Temple: El trabajo también es algo personal

Es una de las empresarias más importantes del país. La tercera empresaria con más seguidores en Twitter, y una mujer que encontró su vocación a través de un momento muy difícil. Inés Temple ha demostrado que, para el éxito, lo más necesario es ser honesto con uno mismo. El ver posibilidades donde hay desierto, así el resto no lo entienda. Reconocerse y entenderse han llevado a esta empresaria al éxito del que disfruta hoy.

ines1Cuando Inés Temple encontró el espacio que hoy ha convertido en su casa de campo, era un terral. Alguna vez, veinte años antes, había sido un jardín. Pero a la llegada de la empresaria, tenía 33 árboles muertos, y en algunos espacios la maleza era tan alta que impedía atravesarla. Cuando invitaba a amigos a ver el terreno, las reacciones siempre llevaban una mirada de desconsuelo. «¿Cómo te vas a comprar esto?», le decían cuando notaban el trabajo que necesitaría para lucir como algo deseable. «Pero vi que tenía el potencial de ser un jardín precioso», dice, mientras camina orgullosa señalando el recorrido que la cascada hace desde la parte superior del jardín hasta un espacio lleno de hojas de flor de loto al final de un camino de piedras, donde Inés practica yoga todos los fines de semana. «Me ha pasado muchas veces que he podido ver lo que otras personas no estaban viendo», dice la administradora. «Pero no solo es ver algo que los demás no ven, sino que también es ver algo sobre lo que uno puede actuar».

Inés Temple no estaba segura de qué quería para su vida profesional. «No tuve la suerte de tener una vocación desde pequeña», explica la que hoy, a los 55 años, es presidenta de Lee Hecht Harrison-DBM Perú y Lee Hecht Harrison Chile, una de las empresas más destacadas en outplacement, coaching ejecutivo y desarrollo de talento en el mundo. Estudió Administración en New York University, pero no fue sino hasta los 31 años que la esposa y madre de tres hijos encontró, en una crisis familiar, un propósito profesional. Quien en ese entonces era su esposo, un hombre joven y exitoso –como ella lo describe– sufrió una pérdida inesperada. Un despido en un país extranjero. Inés y su familia vivían en Estados Unidos, y ella se dedicaba a tiempo completo a cuidar a sus hijos. El despido fue repentino y brutal. «No teníamos un plan de contingencia ni los ahorros suficientes como para quedarnos sin trabajo de la noche a la mañana», recuerda. Fue por esos días cuando leyó una publicación de su universidad sobre el outplacement, una empresa consultora enfocada en ayudar a personas a recolocarse por cuenta de su ex empleador. «Lo leí, y me dije que, si nosotros hubiésemos tenido ese apoyo, habríamos hecho las cosas de un modo diferente y mejor». Decidida, tomó el teléfono y llamó a DBM. «Hola, soy Inés Temple y quiero trabajar con ustedes». Le tomó un año convencerlos de que el Perú era una plaza interesante para poner una oficina y que ella era la persona apropiada para manejarla. «Les mandé tantos faxes que les era más fácil decirme que sí a que no», comenta con una sonrisa. Era febrero de 1993, en Lima se vivía la tasa más alta de desempleo de toda la década. El Perú era un país en el que lo importante era conseguir trabajo; el cumplimiento de las leyes laborales era mínimo y la rotación de personal era escasa. En medio de esta incertidumbre, Inés Temple vio potencial. El primer cliente llegó en mayo de ese mismo año. Un año después, en 1994, la empresa que había iniciado junto con una asistenta en una oficina de cien metros cuadrados, había crecido ocho veces, y siguió creciendo hasta convertirse hoy en un espacio de 1.200 metros cuadrados, 37 consultores y más de 50 trabajadores.

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La oficina de Inés Temple está cubierta de reconocimientos, pero ella prefiere no hablar de ellos. Certificados de algunas de las mejores universidades del mundo, como, NYU, Kellog, Harvard, Georgetown, cubren una de sus paredes. En una esquina se lucen los trofeos que Inés ha sumado en su carrera. No sabe cuántos hay, pero tampoco le interesa contarlos. Recuerda que uno se lo dio un diario popular peruano que la ayudó a promocionar su libro USTED S.A., sobre el concepto de la ‘marca personal’ de un profesional. Sabe también que otro de estos galardones fue un reconocimiento de la empresa que trajo al Perú hace ya veinte años, y que ha convertido en la sucursal que más produce per cápita, reconocida como la mejor de las oficinas de Lee Hecht Harrison-DBM en el mundo, y la segunda más grande de Latinoamérica después de Brasil.

No hay que mirar a ningún lado que no sea ella para entender sus logros. «El éxito es 85% personalidad. Cuán persistente, cuán lúcido, cuán maduro, cuán perseverante es uno», explica Inés. En su jardín, sin embargo, ella preferiría no salir en las fotos. «El protagonista es el jardín», dice. En su vida, Inés prefiere enfocar la luz sobre aquellas cosas a las que ella ha dado a luz; esas cosas que concibió, en las que creyó y que hoy se han hecho realidad. Inés siente que estos frutos –sus hijos, su empresa, su presidencia en distintas organizaciones sociales sin fines de lucro o su libro– son, en el fondo, ella misma. Sucede que, para Inés –experta reconocida del concepto de ‘marca personal’– uno es la misma persona esté donde esté, y lo que hace es producto de quién es. «Tú eres una misma persona. No puedes separar la del trabajo con la de la vida personal: son los mismos valores, las mismas costumbres –dice la empresaria–. Es un tema de integridad».

Inés Temple es una mujer que trata de vivir con coherencia. Su libro USTED S.A. ha vendido más de 55 mil copias en todo el país y ha sido editado nueve veces. Fue el libro más vendido en el 2012 y el libro de negocios más vendido del 2013. La simpleza de su lenguaje dio a Inés el entendimiento de que llegaría a un público amplio. Así, con todo lo que escribe y con todas las charlas que da –dice ella misma– no puede hablar de marca personal ni de valores, y no vivirlos. «Sé que tengo un rol de liderazgo: fui líder de mi familia durante mucho tiempo. Soy líder de organizaciones y soy líder en mis oficinas, acá y en Chile; entonces la gente debe poder confiar y creer en mí. Tienes que ser respetable, y el respeto te lo ganas haciendo las cosas bien». Es una presión muy grande –confiesa la empresaria–, pero al fin y al cabo una presión que uno mismo busca y que ella entiende como necesaria para su oficio. «No todo es color de rosa –reconoce–. Hay momentos complicados, noches en las que no duermes por la tensión, pero el tema es saber que tienes que llegar, porque cuando de ti depende tu familia, no tienes otra opción. Si tienes que atravesar un campo lleno de estas dificultades con tus hijos, pues lo atraviesas. No existe el “ya me cansé”».

Inés, con esa fuerza, ha enfrentado los problemas más duros. Sufrió la pérdida de su esposo cuando sus hijos eran aún pequeños; un accidente la dejó en silla de ruedas durante cuatro meses y le demandó una rehabilitación de tres años; y un ser muy querido para ella contrajo una difícil enfermedad. Cuando se le diagnosticó, Inés trató de mantener la compostura, de ayudar, de ser optimista. Pero un año después, cuando la enfermedad regresó, Inés se quebró. Sentía cómo le faltaba el aire y no podía dar más. Su semblante transmitía el pesar, y así se lo hizo saber la persona a la que debía ayudar. «Esa cara de desconsuelo, de pena, de desesperanza no me ayuda –le dijo-, porque si tu cara me dice que me voy a morir, ¿qué me queda a mí?». Ese día se prometió volver a hacerse fuerte y apoyar a quien la necesitaba con la actitud que merecía. «Fue como un despertar», asegura. La mujer que ha hecho de su vida y su trabajo una sola imagen armoniosa, y ha logrado con la transmisión de sus conocimientos convertirse en una de las empresarias más exitosas del país, aún tenía que aprender. En el trabajo y en la familia, en los logros y las caídas, nunca, jamás se termina de mejorar, e Inés Temple lo tiene claro. Quizá esa sea la razón de su éxito.

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