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Los ciclistas insaciables

Traducido al español, Qhapaq Ñan significa ‘camino real’. Esta frase quechua es la que el grupo de ciclistas de montaña Qhapaq Ñan Bikers ha escogido como eje de su filosofía: recorrer los más asombros caminos y rutas del país sobre dos ruedas.

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Apenas tres horas pasaron entre la llegada de los ciclistas del grupo Qhapaq Ñan Bikers al aeropuerto de Abancay y el inicio –desde el pueblo de Limatambo- de su aventura de cinco días de pedaleo. El destino final era Cusco. Poco importó que la ruta implicase recorridos a 3.500 metros de altura. Aterrizaron a las ocho, aprovecharon las instalaciones del aeropuerto para armar sus bicicletas, tomaron un bus que los llevó hasta Limatambo y, a las once de la mañana, ya pedaleaban cuesta abajo. «La idea fue no perder ni un segundo», explica Henry Stenning, uno de los ocho miembros del grupo. Así es el ciclismo de montaña. Y es cuando se recorren los relieves imperfectos de los cerros y quebradas más imponentes de nuestra geografía, las horas se tornan insuficientes.

Qhapaq Ñan pensó este viaje hace un año, cuando, montados en sus bicicletas, recorrieron durante cuatros días los márgenes izquierdos y derechos del valle del Urubamba en Cusco. El placer era tal que solo se detenían para dormir. «De ahí salió la idea de recorrer unas rutas que habían por la zona de Abancay y Andahuaylas, pero que por su lejanía muchas personas no visitaban», explica. El Perú, según Stenning, rebalsa en escenarios espectaculares para pasearse todo el año sobre una bicicleta. No importa la temporada o estación, pero se necesita, eso sí, de un entrenamiento óptimo y una buena inversión en la bicicleta que mejor se adapte a uno.

Es por eso que luego de contactar a la agencia de excursiones Munaycha —que se encargó de la logística de este viaje—, Qhapaq Ñan Bikers entrenó desde inicios de este año pedaleando una y dos veces a la semana hasta Pachacamac o Cieneguilla, como también en sesiones de spinning y aeróbicos a cargo de Sofía Thun. Los músculos que se trabajan a la subida o bajada de una pendiente no son similares, y entrenarlos evita cualquier riesgo, como lesiones de última hora.

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Cuando iniciaron el trayecto desde el pueblo de Limatambo, Stenning y los siete integrantes del grupo quedaron sorprendidos con los paisajes de ensueño por los que se abrían paso. Desde los densos bosques de eucaliptos en los que apenas se filtraba la luz del día, hasta las lagunas azules que lucían diminutas vistas desde lo alto de los cerros, la naturaleza serrana se fraccionaba en imágenes y monumentos únicos. Como esa primera noche en la que tuvieron que acampar en la laguna Ccochacajas, a 3.488 metros sobre el nivel del mar. «Llegamos a las seis de la tarde, sudados y con frío», recuerda Stenning con una sonrisa. Ese día solo se cambiaron las ropas y se secaron, porque no había dónde bañarse. Tras una noche helada en que la temperatura descendió bajo cero, partieron a las ocho de la mañana del día siguiente bajo un cielo celeste e impoluto.
Pero parte del oficio de un ciclista se compone de la terquedad que los impulsa a más, incluso sobre caídas o pinchazos de llantas. Sucede que al tercer día de trayecto el grupo se perdió en un bosque en la zona alta de la laguna de Pacucha, considerada una de las más bellas del país. Se habían encontrado con unos leñadores quechuahablantes a los que no entendieron qué camino debían seguir, y acabaron en la parte baja de la quebrada. Ese día tuvieron que trepar bosque arriba y empujar las bicicletas. Llegaron a las siete de la noche a Pacucha, donde acamparon y, al día siguiente -y de pura terquedad, como explica Stenning- repitieron la ruta en la que se habían perdido para realmente disfrutar el camino bueno.

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Para Qhapaq Ñan Bikers esta última aventura, además de impresionante, ha sido el inicio de un recorrido que ni ellos saben cuándo acabará. En octubre recorrerán el sur del Cusco, en junio del próximo año planean ir desde Cajamarca hasta Trujillo y tal vez en un año y medio manejarán fuera del Perú, por alguna de las rutas más conocidas del extranjero. En este grupo compuesto por personas de 35 a 55 años, es difícil que la condición física coincida entre sus miembros. Pero esto no significa ningún problema, porque el lazo de confraternidad sigue prevaleciendo con tal de descubrir al Perú en todo el esplendor de sus rutas.

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