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Buenas, buenas….

Hace unos días, en el casting para ser columnista de esta revista [que parecía el de Yo Soy, por la cola, digo], me preguntaron: ¿Si tu ciudad fuera un personaje, cuál sería? Y cuando estaba a punto de responder cualquier pachotada [como que Lima es la Reina Pachas de las ciudades porque anda más loca que las productoras de esta revista en cierre, por ejemplo], contesté: «¿Lima? ¡Lima soy yo!», y al verle la cara de consternación al hípster del entrevistador, que bien podía ser Ricardo Morán si no fuera por el mohicano que peinaba, me mandé con una cruzada de patas para distraerlo y hacerlo pensar en Sharon Stone cuando en Bajos Instintos hizo lo que hizo. Pero el Hummus of Barranco se carcajeó en mi cara, con su polo premeditadamente ahuecado de La Quinta y sus Converse rojas cochinas. «Cojudo -pensé-, si supiera quién soy». Pero me aguanté, porque yo tampoco lo sé; y además porque el Prozac de las mañanas me dura hasta la tarde, por suerte, porque si no… Y cuando pensaba que mi carrera de columnista estaba acabada, se me acercó una muchachita a preguntarme lo realmente importante: nombre y edad. «¡Catalina Kennedy de Lima! –respondí, sacando pecho así como cuando Angie Cepeda se cuadraba: ¡A sus órdenes mi Don Panta! «Kennedy por el parque, donde resido desde que vi la luz -expliqué-, Lima por mis raíces, y la edad, bueno, no la digo porque es obvio: soy una dama». La cosa es que me dijo: «Eres lo que buscamos, alguien así de regia». ¡Pucha, qué mala suerte -pensé-, este es el casting para Combate! Pero no. Y acá estoy pues, en la redacción, con el aire acondicionado secándome los ojos mientras escribo. El tema es que ya estoy aquí. Así que agárrate, gatita con botas, gato volador, que yo soy techera y todo lo veo, todo lo sé y todo lo cuento. Comenzamos.

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