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De qué hablo cuando hablo de correr

Cuando corro, mi mente camina. Y cuando estoy quieto, corre. Lo descubrí hace cuatro años cuando hacía reportajes para un programa dominical de televisión. Vivía tan abrumado en la vorágine que implica un trabajo en la TV que no encontraba ese rincón de soledad que todos necesitamos. Hasta que una noche, no sé muy bien por qué, me puse las zapatillas y salí a correr.

Experimenté entonces algo que nunca antes había vivido. Un espacio en el que era consciente de todo lo que sucedía conmigo. Mis ojos observaban el mundo  a otras velocidades y mi cabeza procesaba, kilómetro a kilómetro, lo que me había pasado ese día. [Corro de noche]. No sé si mejoraba en algo las cosas que me rondaban la mente o encontraba soluciones a problemas, pero al final me sentía mejor. Más allá de lo que pudiera decir la aplicación deportiva que uso respecto a tiempos y distancias, algo comenzaba a funcionar mejor dentro de mí cuando la carrera se acababa.

Comencé a correr con música. Una de mis primeras motivaciones fue encontrar canciones nuevas que fueran al mismo ritmo de mi trote. Armé una playlist, fui minucioso, veía películas y estaba atento al soundtrack. «Esta puede funcionar», me decía, y esperaba el momento para escucharla mientras corría. Si no funcionaba, no había quien la perdone. Entonces la música, que ya formaba parte importante de mi vida, comenzó a tomar otra dimensión.

Pasaron los meses e intenté mejorar mis tiempos cuando corría. Decidí dejar de lado la música y prestar atención a mi respiración, a mis latidos, al ruido de mis pasos. Atender el sonido de mi pisada hacía darme cuenta de una mala posición del pie. Aprendí esto: cuando recién empiezo, hago dos inspiraciones y tres exhalaciones. Luego el latido del corazón acelera, y al tercer kilómetro todo se estabiliza. Después el polo comienza a empaparse: nunca pensé que la sudoración podía llevar a un extraño estado de bienestar.

Correr es una de las tantas maneras de escapar. Sí, quizás. Pero puede ser también una buena manera de acercar nuestro oído a nosotros mismos. No sé qué pensará Gonzalo Rodríguez Larraín, nuestra portada, de todo esto. ¿Y si salimos un día a correr?

“Si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ese no es otro que el tú mismo de ayer.” ¿De qué hablo cuando hablo de correr?, Haruki Murakami.

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