/jquery.cycle.all.js
Inicio > Blogs y columnas > Mío, Mio, Mío

Mío, Mio, Mío

El hombre, en su búsqueda permanente por conquistar más allá de lo conocido, ha llegado a expandir sus fronteras reclamando para sí territorios extensos, fértiles, inhóspitos.

Para aplacar su sed de riqueza, conocimiento o el solo hecho de poder decir «¡yo llegué primero!» ha superado innumerables obstáculos para exclamar [a veces, en nombre de su rey]: «¡Esto es mío!». Solo que en la mayoría de veces esto ya tenía un dueño previo. Le pasó al territorio del Perú cuando llegaron los españoles y a los indios de Norteamérica cuando los estadounidenses de entonces decidieron expandirse hacia el oeste. Pasa ahora en Lima.

El bien público es largamente una tradición, desde las épocas de la res publica romana, en que, en teoría, un bien es aprovechado por todos y en que su uso por un individuo no restringe ni limita su uso para otros, menos en Lima. Para muestra, unos botoncitos: una escalera que sube desde la vereda pública hacia la casa de alguien; una cerca que limita la vereda y la calle para hacer un jardín frontal o el estacionamiento de un auto; una calle que se cierra con rejas para que nadie pase por allí [tengan la bondad de avisar a mi waze, por favor]; un parque cerrado para todos menos para los que colindan con este; piscinas en medio de las calles. Esos son los botones más obvios; hay otros en los que los límites comienzan a ser difusos: un condominio que cierra el paso de una calle por el malecón de Barranco porque un título de propiedad hace decenas de años le dio el derecho del sitio hasta el borde del acantilado frente al mar [después, ‘buena gente’, cedió el derecho de vía para el uso común]; los invasores de un área arqueológica que intentan posesionarse del sitio con papeles y promesas porque ya otros lo hicieron desde tiempos inmemoriales. Además, la vivienda es un derecho y si no hay plata, se arrancha. ¿Y si hablamos de la Costa Verde? ¡Uf ! ¡Muy largo!

¿Qué hace que el ciudadano, con plata o sin ella, se anime a decir esto es mío y no tuyo? ¿Será que lo que es de todos es de nadie? ¿Será que el Estado es un ente falto de autoridad o de autoridad corrompible [y, por ende, nuevamente, falto de autoridad]? ¿Será que no hemos interiorizado que el usufructo del bien público por todos es el mejor ejercicio de democracia que podemos practicar?

Si es así, mañana salgo y dirijo la luz del poste público para que alumbre mi casa y solo mi casa. Que se jodan los demás. Es mío ¿ya?

Comentarios

comentarios

Notas de interés

DEPORTE COVER

Entrenamientos para el fin del mundo

Algunas disciplinas poco conocidas, pero que despiertan y afinan los sentidos hasta los límites mismos ...