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Historias inconclusas

Muchas historias no se acaban cuando se acaban, se acaban antes o se acaban después de haberse acabado. – Milena Busquets

 

historias

 

Nos separaba el destino. Nos separaban dos países, dos momentos distintos de nuestras vidas. Nos unía la pasión de un amor incipiente e inesperado, la agonía de las despedidas en aeropuertos, la tristeza de tener lejos a quien más cerca querías tener.

«Vámonos a Nueva York», me dijo, en una de esas eternas y desesperadas llamadas telefónicas. Lo dijo en serio. «Dejémoslo
todo y vámonos». Fue una bomba.

¿A Nueva York? ¿Qué vamos a hacer allá? No tenemos a nadie allá. ¿Qué pasará con mi carrera? ¿Con tus planes en Lima? Los cuestionamientos son el peor enemigo de las locuras de amor. Misiles. Y esa vez no fue la excepción. Mis balas interrogantes nos alejaron de una vida en Nueva York. Pero la puerta siempre quedó abierta.

La felicidad radica en el arte de tomar decisiones correctas, dijo alguna vez un pensador despistado. Olvidó que los humanos estamos sometidos a los caprichos de un destino que intercede con nuestros planes sin previo aviso, ubicándonos en el lugar correcto  o equivocado. La cama que compartes, el cargo que ocupas, los hijos que buscaste tienen mucho más que ver con otras causas que con tus propias elecciones. En cambio las historias inconclusas, esas que frenaste responsable de lo que decidió no vivir. Somos dueños y culpables de todas esas vidas postergadas.

Hace poco alguien me dijo que no soportaba las historias sin final, que le generaban ansiedad, tristeza. Yo le dije que si a algo me aferraba en esta vida era a mis historias inconclusas. Solo ellas me permiten vivir todas las vidas que no viví.

Cada vez que visito Nueva York no dejo de preguntarme por esa vida que descarté años atrás. Trato de reconocer en esa dimensión paralela, nuestro pequeño departamento en Manhattan. Me imagino trabajando en uno de esos cafés con librerías, llevando mis compras en bolsas de papel, tomando el metro todos los días o montando bicicleta, mientras escucho el ultimo disco de la banda indie de mis amigos de Brooklyn. Hay una parte mía que le dijo sí a esa propuesta, una parte mía que sí viajó a Nueva York con el amor de su vida, una historia inconclusa a la que de vez en cuando le doy cuerda.

Historias que no terminamos, amores que no acabamos de cerrar, ciudades con las que nunca dejamos de soñar. Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿qué hago aquí y por qué no estoy allá? Hemos querido correr a esas vidas que dejamos estacionadas por miedo, comodidad o instinto. La nostalgia por lo no vivido puede ser un martirio como me dijo alguien, pero también una ilusión para la imaginación. Solo tenemos una vida y las posibilidades son infinitas, quizás el truco está en preguntarse si esa vida que vives hoy te hubiera generado nostalgia de no haberla vivido.

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