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¿Infierno? por Gonzalo Torres

¿Es esto un invierno? ¿Es el anuncio del infierno que se avecina en verano con El Niño agrandado en su máxima expresión? ¿Son estos días de incertidumbre climática, en que el sol y el calor aparecen repentinamente, y, sin previo aviso, un engaño cruel de la naturaleza para nunca saber qué ropa ponernos? ¿No se extrañan acaso nuestros típicos y mal llamados inviernos de junio y agosto? ¿Esos en los que maldecimos el frío que se mete en forma de humedad entre la ropa y la piel?

¿No se pintarán ya las veredas de esa resbaladiza garúa que todo lo moja, pero nada lava? ¿No veremos este año salir el humito de nuestras bocas cuando hablamos? ¿O de la misma taza de café, que se hacen dos o tres, porque hay frío y hay que cafetear la modorra? ¿No estrenaremos las chompas, las casacas, los sacos afranelados, los guantes y los gorritos que hemos comprado con un gran porcentaje de descuento a las tiendas que apresuradamente han tenido que rebajar los precios de sus prendas invernales para no perder lo invertido?

¿No fue acaso hace unos cuantos meses que escuché que El Niño era débil y que no había nada que temer? ¿Debo entender que el invierno, por lo tanto, también es pasible de sufrir de infantilismo climático y que no solo el verano es el afectado? ¿Cómo recordaremos este invierno que nos cubre tan solo unos instantes de melancólico gris el cielo y que no llama a la nostalgia del malecón sino por unas cuantas horas, quizás, a veces, por la eternidad de un día en que alguien piense en el más recóndito rincón de su cerebro: “¡ah, bienvenido invierno!”?

¿Será el invierno que no fue invierno? ¿El invierno del calor? ¿El año que nos robaron el invierno? ¿Por qué nos revienta que haga calor en invierno? ¿Será porque no nos podemos poner veraniegos en nuestra ropa y en nuestro corazón para meternos al mar, comer un helado o caminar ligero de ropas por la calle porque simplemente no lo sentimos así? ¿Por qué no podemos concebir en nuestra estrecha mente un día de febrero metido como cuña en agosto? A la vez, ¿por qué extrañamos el invierno que tanto maldecimos cuando está en su máxima expresión?

¿Llegaremos a abrigarnos completamente en la cama? ¿Poner la frazada extra? ¿Entrar a las sábanas congeladas y golpear con los pies la cama para calentar el aire debajo? ¿Tener un pretexto para dormir juntos en cucharita? ¿Abrazarnos tiritando exageradamente para poder reírnos y activar el calor? ¿Y por qué está este maldito zancudo rondándome la oreja, fuera de estación, en pleno invierno? ¿No debería estar muerto ya?

 

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