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Ojalá algún día

Por Gonzalo Coloma

Hace tres días estrené mi nuevo show Entre deux eaux [Entre dos aguas] en el Festival Montréal Complètement Cirque. Festival de circo que está en su quinta edición y que cada vez es más conocido en el mundo. Mi nueva compañía, La Barbotte, fue invitada para estrenar nuestra nueva creación.

Hacía mucho tiempo que no sentía tantos nervios. Dos años han pasado desde que iniciamos la idea de este espectáculo y ahora era el momento de saber si era bueno o no.

El show, si bien es un espectáculo de circo, tiene mucho de teatro. La inspiración viene del hecho de que los tres artistas ya pasamos los treinta, una edad en la que el cuerpo de acróbata no está en su mejor forma, pero que gracias a la experiencia y al deseo de estar sobre un escenario, es más grande que nunca. A partir de allí empezamos a acordarnos que cuando viajamos, siempre que contamos lo que hacemos en alguna reunión o fiesta, la gente se queda escuchándonos. Despierta curiosidad porque, según dicen, nuestra vida «no es normal».

Decidimos entonces presentar un espectáculo en el que contáramos anécdotas de nuestras vidas de acróbatas, cosas graciosas [y otras no tan graciosas] que nos han pasado en todos estos años de viajes.

Los preparativos para un festival de esta envergadura son increíbles. Aparte del tema logístico, tuvimos que prepararnos mucho para hacer entrevistas. En cualquier lugar del mundo, un espectáculo de circo pasa por lo menos desapercibido en los periódicos, menos en Montreal. El festival nos puso a una relacionista de prensa que nos llevó a todos los diarios más importantes y las radios más escuchadas, así como los programas de televisión más vistos.

De pronto nos dimos cuenta de lo que significaba todo esto. La gente empezó a hablar del show, las entradas se empezaron a vender, y cuando llegó el día del estreno, nuestro agente nos comunicó que estábamos sold out.

Aparte del público del festival, entre los asistentes teníamos a productores de todas partes del mundo que venían a ver espectáculos para llevárselos de gira. También había periodistas dedicados a escribir críticas sobre las performances… ¡Ojalá una crítica no muy mala!, me decía

La función empezó finalmente. Con la primera historia el público se ríe. Nuestro estrés baja, sentimos esa proximidad que tanto hemos buscado con el público. Los números se suceden. El público sigue con nosotros hasta que la última luz se apaga. Entran los aplausos y una linda sensación de trabajo cumplido.

La mañana siguiente, violando todas las leyes del arte, me levanto temprano, agarro el periódico más leído y miro si han escrito sobre nosotros. La crítica es buena, al periodista le gustó mucho el show. Escribe que falta un poco de rodaje, algo natural en una nueva producción, pero le encantan el tema y la forma como todo está dirigido y actuado. Otras críticas llegan, todas positivas. Nuestro agente recibe buenos comentarios de los productores. Todos están contentos; dicen que es un nuevo tipo de circo, una mezcla acertada de circo con teatro.

Hoy es el día de nuestra última presentación en el festival. Las cosas han seguido súper bién, el espectáculo ha ido mejorando función tras función y, mientras esperamos a ver hacia dónde volará, dentro de mí me digo: «cuánto me gustaría poder ir a presentarlo al Perú». Ojalá algún día…

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