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[AS 187] A rodar la vida

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Angelo Caro, una de las promesas del skateboarding nacional, fue el único patinador representando al Perú el año pasado en el Red Bull Skate Arcade en Lisboa, el mundial de skate para los nuevos talentos, donde obtuvo el segundo lugar. Con el incondicional apoyo de su familia y el auspicio de DC Shoes, Angelo avanza por las calles y barandas del mundo, siempre sobre ruedas. Aquí su historia.

Por Diego Olivas Arana Fotografías de Oliver lecca

 

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 Diecisiete gradas. La quimérica escalera de la Residencial San Felipe, en Jesús María, tiene diecisiete gradas. Podría significar solamente un ascenso azaroso para el transeúnte a pie, mas para un skater sugiere una monstruosidad desafiante. La dilatada lengua de un dragón de asfalto. Angelo la contemplaba desde sus inicios en el skate, a los once años. Muchos de los skaters locales daban por reto iniciático saltarla realizando un truco. Acaso un sueño temerario, el miedo a fracturarse con gravedad y dejar de patinar prevalecía. Hace unos meses, Angelo superó la prueba: montó su skateboard y saltó. Aterrizó violentamente, y rodó una vez sobre el pavimento, gorro y patineta dispersados alrededor. «¿Estás, bien?», le preguntó otro skater, preocupado. «¡Me mandé! ¡Me mandé!», gritó, Angelo, levantándose con dificultad y extendiendo el puño hacia el cielo, victorioso. No alcanzó a ejecutar el truco con éxito, pero se lanzó. «Eso era lo importante. Hacía años que quería hacerlo. Ahora sólo toca volver a intentar».

«Somos atletas. Nos golpeamos mucho, nos caemos mucho y nos levantamos mucho. Hay una mentalidad de nunca rendirse», afirma en un video el pro-skater panameño Luis Aponte. Angelo parece conducirse bajo la misma filosofía. El skate como paradigma de la lucha y la obstinación. Ser un skater es avanzar a por tus sueños contra la corriente.

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Angelo Caro [16] se subió a un skate por vez primera hace cinco años. Su hermano mayor Fabrizzio y su amigo lo convencieron de montar, cuando Angelo creía que dedicaría su vida al balompié. Así, abandonó el fútbol y abrazó la adrenalina del skate. En el corto documental From The Ground, de DC Shoes, la madre de Angelo destaca en un primer plano donde cuenta cómo, a pesar del escepticismo de la familia, decidió apoyar su devoción al skateboarding. «Al inicio ellos decían que con el skate no conseguiría nada, a diferencia del fútbol. No sabían que era posible dedicarse enteramente a esto. Yo les dije que no buscaba conseguir algo. Fama o dinero. Sólo quería montar», explica Angelo. Cumplió su cometido.

El año pasado, en agosto, Angelo viajó a Lisboa para participar en el mundial de skate para amateurs. Fue el único peruano y el skater más joven [con solo quince años], entre los dieciséis seleccionados -de los más de diez mil postulantes- que se batieron a duelo con sus patinetas en la plaza Praça da Figueira, en el centro de la ciudad. Su incondicional hermano estuvo allí para apoyarlo. Aquel fue un momento surreal para la joven promesa del skate. Nunca había estado en Europa, ni participado en un campeonato de tamaña envergadura. Tampoco hablaba portugués, comunicarse era un problema. Y la gente. Una multitud imposible lo rodeaba. Angelo admite que estaba nervioso, pero llevaba meses entrenando. No se echaría atrás. Bajo el nickname ‘Chato’, sorprendió con los trucos más descabellados, como su bigspin boardslide, y se hizo del segundo puesto, superado solamente por el local Jorge Simões. Su performance fue más que notable. Ahora el mundo lo conoce.

Aquel no fue su debut en el skate internacional. Angelo estuvo el 2014 en Ecuador, donde ganó el primer lugar del campeonato sudamericano profesional La Roca. Ese mismo año salió primero en el DC Pro Invitacional, celebrado en La Molina. Estuvo también en la competición Cultura Sobre Ruedas, en Panamá. Tras la experiencia en Portugal, viajó alrededor de tres meses por Estados Unidos, Brasil, Argentina y Chile, para la grabación de un video de DC Shoes USA, De la calle / Da rua. Este próximo diciembre correrá en otro campeonato importante, el Tampa Am, en Florida. La maestría de Angelo se consolida. El sendero del pro-skater, que soñaba recorrer, ha comenzado.

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La adrenalina, por otro lado, también prevalece en la experiencia. Todas las veces que han escapado de los serenazgos, quienes injustamente inician persecuciones culpándolos de arruinar las calles, Angelo y sus compañeros comparte sonrisas cómplices y felices. Una excitación inocente alberga sus corazones, aquella de un niño que huye evitando el almuerzo o la tunda de turno. «Es bien divertido escaparnos, aparecen de pronto y nos insultan, ‘¡corre que te agarran!’, a veces nos llevan a la comisaría pero no pueden hacer nada porque somos menores y porque realmente no estamos haciendo nada malo. Practicamos un deporte».

Para Angelo, los días y noches trascurren apacibles bajo el estilo de vida urbano que propone el skate, uno que abraza la amistad y las calles. Al correr, disfruta el momento con su hermano y sus amigos. Si alguna inquietud lo invade, coge la patineta y se olvida del mundo. El viento corriendo por su rostro, el raudo avance de las calles sobre sus ojos. Al realizar trucos, ya sea un flip, backside, crooked o demás, ríe al fallar y ríe también al lograrlos. «Es un momento único, donde la pasamos bien chévere», comenta apoyado sobre una rampa en el skatepark de San Miguel.

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Al darse el ocaso, Angelo Caro continúa corriendo sobre su skateboard, en alguna vereda de San Miguel, Jesús María o Miraflores. Sabe que ha forjado su propio destino. Hoy Lima es suya, y el mundo entero se expande ante él. Siempre sobre ruedas.

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