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Arquitectura para volar

Martín Dulanto es uno de los arquitectos más requeridos de Lima. Sus diseños han aparecido en un sinfín de publicaciones internacionales. Uno de esos diseños es la Casa Ave. Conozca la historia de cómo una profesión termina convirtiéndose en una pasión del día a día.

Casa de playa de Augusto de la Piedra

Hola, soy Martín Dulanto, arquitecto de Lima, Perú. Necesito ubicar a Marcio Kogan. ¿Me puedes ayudar?». Cuando Martín descubrió la arquitectura de Kogan [Brasil, 1952] quedó inquieto. Se trataba una de esas experiencias que erizaban la piel, que despertaba sensibilidad y sorpresa y reclamaba acción. En complicidad de las redes sociales, investigó hasta dar con una fotografía del gran arquitecto brasilero con su joven equipo. Cada uno de los quince arquitectos que estaban ahí, aparecían identificados con nombre y apellido. El Facebook, que también sirve, aunque pocas veces se usa, para aumentar la pasión profesional; fue un vehículo que conectó a los colegas de Sao Paulo con el peruano. Pero el enlace no funcionó.

«Algunos me dijeron que mande mi currículum a un correo, pensando que quería un puesto en el estudio. Otros me aceptaron y nunca respondieron. Y un par me agregaron como amigo para luego eliminarme». Apelando a la necedad que promueve la admiración por alguien, continuó la búsqueda de un nexo. Fue así como encontró la coincidencia que necesitaba: una mujer apellidada Kogan residente en Sao Paulo. «Martín, es tu día de suerte. Soy la hermana de Marcio», le respondió por la red social.

Casa de playa de Augusto de la Piedra

 

Un año después, Dulanto visitaba las oficinas de Kogan en Brasil. En el maletín llevaba consigo un dibujo que había hecho para él y que ahora descansa en una de las paredes del estudio del gran arquitecto brasilero. Ese día, por fin, le diría lo que pensó desde que lo descubrió una tarde buscando inspiración por Internet: «Gracias». Ese «gracias» tenía un peso simbólico muy fuerte, cargaba una nueva mirada que Dulanto, finalmente, encontraba en la arquitectura. En ese momento su profesión dejó de ser un trabajo. Todo cambió.

«Desde la universidad me hice la famita de chancón. Era bien considerado por los profesores y llegué a agarrarle gusto a la carrera. Pero cuando terminé y empecé a trabajar, no lograba que la arquitectura me apasionara. Hasta que hubo esta conexión con el trabajo de Marcio Kogan». Martín se emociona mientras cuenta la historia. Y son justamente sus emociones y esa conexión humana que tiene con sus clientes y su equipo, lo que ha hecho de su estilo arquitectónico un trabajo minucioso poblado de detalles inesperados. Ahí donde el lugar común o lo predecible amenaza, Martín rompe y sorprende.

Casa de playa de Augusto de la Piedra

 

Esta mañana, sentado en su oficina de Miraflores busca una canción de The Beatles en Spotify. Es ‘I am the Walrus’. «Ayer la escuchaba mientras cocinaba y de pronto apareció un ladrido de perro que nunca había escuchado. ¡Me desconcertó! ¡Cómo se les ocurrió poner en medio de una canción un ladrido de perro! Se me erizó la piel, puede sonar tonto, no sé cómo explicarlo. Es eso mismo lo que yo quiero hacer con mis diseños: desconcertar a mis clientes desde el punto de vista arquitectónico», dice mientras busca fotos de la Casa Ave en su computadora, la misma que aparecen en estas páginas, y curiosamente, una de las casas con más vistas del 2016 en Archdaily.com, una de las web de arquitectura más importantes del mundo. Algo está haciendo bien Martín.

Casa de playa de Augusto de la Piedra

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