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[AS 188] Inka Punch- el coctel

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Por Manuel Caycho

Esta preparación atrevida emplea un ingrediente que a muchos espantaría, pero no a él: la Inca Cola en un coctel peruano.

Cuando se piensa en los orígenes de una nueva coctelería peruana, uno se pregunta si esa identidad nacional aparece cuando el barman es peruano o cuando se emplean insumos que tienen tu mismo pasaporte. De ambas maneras, Manuel Caycho parece aportar una nueva pieza de conocimiento líquido: un punch distinto en base a pisco.

Lo suyo fue un acto de osadía. En una barra que se precia de rescatar recetas peruanas y cocteles tradicionales, donde reinan las más variadas etiquetas de pisco, no era impensable que Manuel Caycho concibiera una preparación con insumos locales. Con el pisco quebranta no había dudas. Pero, ¿Inca Kola? ¿La bebida rubia que había vencido en el Perú a la negra Coca Cola? ¿La gaseosa cuyo sabor ignoto generaciones enteras habían tratado de identificar? ¿Si era hierba luisa o manzanilla? Eso representaba un reto. Del punch se conocía su versión más conocida: la que lleva un pisco aromático y almíbar de piña. Pero Caycho, que antes había ensayado mojitos con Inca Kola y ron, quería algo distinto. Probó entonces con maracuyá. Para contrarrestar lo cítrico, le añadió chicha morada. Para menguar el dulce, le puso una onza de Aperol. La inclusión de la gaseosa amarilla, sobre el final, solo apenas, fue la coronación de un trago refrescante. Así como el imperio de los incas tuvo cuatro suyos, el Inka Punch contiene en perfecto equilibrio y balance cuatro insumos con genética peruana.

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Manuel Caycho es una suerte de self-made barman. Tiene 32 años pero empezó apenas terminó el colegio en La Rosa Náutica y desde entonces transitó por todos los cargos y funciones de un restaurante. Cuando llegó a la barra, por curiosidad y afán, claro, quedó enganchado. Su trayectoria de más de diez años es privilegiada pues, desde muy temprana edad, estuvo en contacto con dos personalidades que marcaron la coctelería última en el país: Hans Hilburg y Aaron Díaz. El primero, en el mítico local de Astrid&Gastón en Cantuarias, llevó las frutas de todo un país a la barra y elevó el nivel de un licor entonces desdeñado como el pisco. El segundo, impulsó un nuevo movimiento de coctelería conceptual hace un par de años desde Casa Moreyra. De cada uno, con sus propias maneras y filosofías, Caycho aprendió algo valioso. Él mismo, creyente de las bondades peruanas, resultó un alquimista que puede generar su propio licor de guinda empleando los frutos de Huara, vino blanco con uvas sembradas de Ica, canela y chancaca.

Puedes encontrar la barra de Manuel Caycho en Panchita

 

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