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[AS 189]El ruido de la memoria

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Para Mariana de Althaus el ruido es un fantasma, la sombra de un pasado al acecho. Y a diez años del estreno de RUIDO, la dramaturga vuelve a llevar este mensaje a las tablas del teatro del CCPUCP para reponer su obra, ambientada a finales de los caóticos años ochenta, en Lima. Guerra interna, miedo e hiperinflación abordados desde el drama y la comedia. A propósito de este reestreno, la autora nos acerca al universo que desembocó en un grito dramatúrgico que hoy retumba de nuevo. ¿Es la memoria la clave para entender el futuro?

Por Jesús cuzcano / Fotografías Oliver Lecca

Una bandera rojiamarilla [Sendero Luminoso] le dio significado al miedo en el Perú desde los años ochenta hasta la llegada del nuevo milenio. La hipertensión económica del primer gobierno de Alan García subrayó aquel pánico. Cuando Mariana de Althaus ahonda en el recuerdo de su infancia, transcurrida por aquella época, arremete con la siguiente frase: «Ha sido desconcertante enterarme, cuando ya era mayor, de las cosas que habían sucedido en el país cuando yo era una niña», como si hubiera suprimido gran parte del miedo que sintió. Recalca con cierto desaliento: «De los ochenta casi no me acuerdo». No es para menos, el olvido es el mejor mecanismo de defensa.

Tu generación ha sobrevivido a más de veinte años de miedo. ¿Cómo calificarías la experiencia?

Eso nos da la categoría de sobrevivientes. Y como tales vivimos en actitud de alerta. Sabemos que todo puede volver a desmoronarse. Y es por eso que nos permitimos vivir de otra manera, muy diferente a cómo los jóvenes viven ahora, que creen que todo está asegurado.

¿Qué pueden rescatar las nuevas generaciones de un discurso que apela a la memoria?

Las nuevas generaciones creen que todo siempre fue como es ahora: creen que siempre ha habido agua, que había trabajo y que cuando ibas al supermercado había arroz y azúcar. Y no era así. Hemos estado en una situación extrema. El país estaba a punto de morir.

¿Deberíamos vivir, como tu generación en un estado de actitud alerta?

Hay que interpretar la alerta desde el buen sentido. Tampoco uno tiene que volverse paranoico. Pero no se puede permitir que las cosas en las que ha avanzado el Perú se pierdan. Se debe tener actitud de construcción. En el momento en el que nos descuidemos, las cosas van a detenerse y, como país, vamos a dejar de seguir creciendo, espiritual y emocionalmente.

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¿El teatro es una válvula a la protesta?

El teatro no puede convertirse en un mecanismo de protesta; sí puede ser un espacio de reflexión. Este puede llevar al público a hacerse ciertas preguntas, pero no cambiar las cosas. Todos los que hacemos teatro sabemos que no puede hacerlo. Para mí, es un espacio privilegiado, desde donde lucho a mi manera por un mundo mejor, por decirlo de una forma ilusa.

¿Qué experiencia personal te llevó a crear Ruido?

Me parecía necesario hablar de mi propia experiencia, de niña y del terrorismo. Si bien no tenemos un teatro muy atento a temas políticos, en ese entonces era casi inexistente.

¿Cuál es la razón del reestreno?

Revisar lo que nos pasó y también lo que somos ahora. ¿Por qué volver una y otra vez sobre lo mismo? La obra busca instalar esa inquietud en las nuevas generaciones.

¿Qué idea se esconde tras el título?

La idea es hablar del ruido como un concepto que engloba cualquier tipo
de amenaza y que implica un posible desequilibrio en nuestra cotidianidad. En esa época[2006], sentíamos la violencia política y la crisis como parte de nuestra vida; sin embargo, no sabíamos exactamente cuál era la naturaleza de
esa violencia. Esta idea del ruido, puede trasladarse a diferentes escenarios, no solo a la época de los ochenta. Hoy tenemos nuestro propio ruido, por ejemplo. Cada persona tiene el suyo.

¿Por qué abordar la obra con un matiz cómico?

Nunca he podido hablar de ningún tema sin humor. Es mi manera de ver el mundo. Me sirve mucho para poder llegar a tocar temas muy dolorosos. El humor te lleva de la mano hacia las zonas más oscuras y dolorosas y te da la oportunidad de soportarlas. Para hablar de los ochentas fue crucial echar mano del humor. A mí me parece que en este caso nos permite asomarnos a esa época tan cargada de traumas.

¿Necesitamos todos de un pequeño trauma para aprender?

Exacto. Es del dolor de donde sacamos fuerzas.

¿Qué te genera insatisfacción sobre la coyuntura política actual?

La mediocridad en el liderazgo. Nunca aparece ese líder inspirador del cual uno puede aprender, sentirse guiado. Todos los políticos se han encargado de defraudarnos una y otra vez. Siempre ha sido igual, aparece uno en el que parece se puede depositar la esperanza e ingenuidad, y nos decepciona.

Pero, ¿hasta qué punto hay que ser ingenuo?

Sin ingenuidad uno no aprende. Si uno siempre está con actitud de sospecha y pensando mal de todo, con miedo a abrirse de brazos y coger lo que viene, no se sentirá nunca en casa. Hay que estar alertas, pero entregando nuestro corazón, buscando siempre con actitud de esperanza.

¿Qué es para ti el Perú?

Somos como un barquito de papel que siempre está a punto de naufragar. Aún no me siento esperanzada, a pesar de que hemos avanzado mucho, espectacularmente en comparación con la otra época [las décadas de los ochenta y noventa]. Sin embargo, estamos lejos de ser un país sólido.

¿Qué papel juega la memoria en la vida de una persona?

La memoria para mí es un tema muy complejo. Sobre todo porque no tengo memoria. Tengo un problema grave, no recuerdo nada. No recuerdo esa sensación de permanente miedo al salir a la calle o incluso la que debí sentir cuando me quedaba en casa.

¿Te interesaría recordarlo todo?

¡No! ¡Me vuelvo loca!

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