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Cuerpo a vela

queda1Por: Diego Olivas Arana

La windsurfista campeona mundial del Formula Experience 2010 y primer lugar en Pacasmayo del Tour Americano de olas 2015 fue sorprendida por unas rocas mientras corría en el mar de Ciudad del Cabo. No reparó en sus rodillas ensangrentadas hasta ser alertada de los tiburones. Escapó a tiempo para recibir ocho y doce puntos en cada rodilla. Esta pasión la ha llevado alrededor del mundo. Para la peruana Carolina Butrich Schwartzmann el windsurf no es un deporte, es un estilo de vida.

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Una tarde en Maui, Carolina recibió el salvaje impacto de una ola. Ya sin equipo y sin tabla, nadó y nadó alrededor de cuarenta minutos, pero ola tras ola era hundida en el mar, impotente. Sabe que el miedo te hace perder el control, expirar ahogado. ‘Debes respetar el mar, no temerle’, pensó. Así, nadó por debajo de las olas hasta poder recuperar la respiración. Pronto la recogería una moto de agua. «No somos nada comparados a la fuerza de la naturaleza». Ella conoce al mar, ¿pero cómo la conoció el mar a ella?

Carolina se inició en el windsurf a los catorce: al principio, creía escoger un deporte de turno en el Club Regatas. «Es increíble cómo ese verano ha definido mi vida. Todas mis decisiones desde ese momento se han dado en función del windsurf». Así, se hizo velerista. Debutó en el 2008 en los campeonatos mundiales de carreras en mar plano, obteniendo resultados sobresalientes. Alternaría luego sus estudios de ingeniería ambiental en la UNALM con su arduo entrenamiento en Paracas, haciéndose con el primer lugar del título mundial para damas del Formula Experience 2010, en Río de Janeiro, y el primer lugar para damas del sudamericano del mismo año, en Paracas.

Un año después, Carolina quedaría embelesada al ver un documental de windsurf sobre olas. ‘Esto es lo que quiero hacer’, se propuso. Fue en ese momento cuando dejó de hacer carreras en mar plano y se adentró en las olas. Su obstinación no conocía límites. Compró un pasaje a Maui para el año siguiente y empezó a entrenar con apasionada religiosidad. Cada viernes por la noche, luego de clases, viajaba en bus para Pacasmayo hasta la noche del domingo. Sus amigos la daban por loca. ‘El próximo año voy a estar navegando en Ho’okipa’, les respondía tenaz. Y su predicción fue acertada. Carolina ha corrido innumerables veces las olas de la playa de Ho’okipa, la meca del surf a vela internacional. Los pro-windsurfers que veía en videos y revistas ahora son sus amigos.

Tras terminar la universidad, corrió todo el circuito americano del tour de windsurf en olas del 2014, el más importante junto al mundial europeo. Obtuvo el segundo lugar. El año pasado irrumpió en la misma competencia, esta vez sólo para la fecha en Pacasmayo, ganando el primer lugar. «Siempre ha sido la parte del campeonato que más significa para mí, por ser Pacasmayo y ser Perú».

Hoy Carolina lleva nueve meses comprometida con la iniciativa Conservamos por Naturaleza, donde es la Coordinadora General de HAZla por tu ola, una campaña para promover la donación de fondos para la conservación de olas peruanas. «El windsurf es y será por siempre mi pasión. Me reveló al mar y la naturaleza. Estudié ingeniería ambiental y ahora trabajo en conservación. Todo se complementa».

Durante una estancia en Brasil en el 2012, su vida cambió para siempre. Allí conoció al laureado productor de películas y leyenda del freestyle windsurfing, el alemán André Paskowski. Años atrás, uno de sus videos la convenció de consagrarse al windsurf de ola. Algún designio incierto había pactado su encuentro. Aunque enamorarse era lo último que ella esperaba, sus voluntades se aunaron desde el inicio. Pero André tenía un avanzado cáncer. Él quería hacer un último documental. Ella sería su cómplice. «Decidimos vivir como si no hubiese mañana». Fueron felices sin tiempo. Al año siguiente, cuando él falleció, Carolina debía terminar la película. Aquello le otorgó la fuerza para sobrellevar esa etapa. El documental se llama Below the Surface (2013), y Carolina figura como coproductora. «La experiencia me enseñó mucho de la vida. Podrías decir que es una historia triste, pero nadie puede quitarme lo que aprendí, es invaluable, bello y positivo. Algo que forma parte de quien soy ahora», dice Carolina, contemplando el pequeño tatuaje con el infinito que descansa en su dedo anular. «Era nuestro símbolo».

¿Qué siente Carolina al hacer windsurf? «La sensación de moverte a gran velocidad sólo por acción del viento y la fuerza de la ola, que es la naturaleza, de la que formamos parte». Para Carolina, la inefable experiencia del windsurf podría compararse a danzar con la ola en una pista de baile. Cuando los pensamientos nublan su mente, ella se adentra en el mar. «Al hacerlo, sientes que todo está bien. No se trata de olvidar, es como si todas las piezas se acomodaran en su lugar y te liberaras. Comprendes mejor». Su propio ritual.

En el mar, el cuerpo de un velerista ya no es su cuerpo. Se vuelve un canal. Una válvula al centro de un universo. Carolina Butrich es una fuerza natural de los vientos, aquella que impulsa su tabla hacia el infinito.

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