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Curl Curl Beach, paraíso down under

En la costa este australiana, Curl Curl Beach es un paraíso para el surf y los amantes de la belleza natural. La fotógrafa y tablista peruana Andrea Venegas muestra con sus palabras y el lente de su cámara, la calma y el movimiento de una de las playas más populares de Sydney. ¿Cómo se sienten las olas al otro lado del mundo?

Foto y texto: Andrea Venegas

Tenía 12 años cuando vine a vivir a Australia con mi familia. Recuerdo que estaba alucinada con la vegetación, la lluvia y la tranquilidad, y que a veces me sentía totalmente perdida. Pero Sydney tenía algo en común con Lima: su salida al mar. Aquí hice la secundaria y fui a la universidad. Estudié Artes Visuales en la Escuela de Arte de la Universidad de Sydney. Siempre tuve la vocación de hacer algo relacionado con el arte y, sobre todo, con la fotografía. Me fascina la posibilidad de plasmar un instante que me sorprende y convertirlo en una imagen que perdura. En especial aquellos paisajes que me deslumbran, esos espacios en el mundo donde he encontrado paz y felicidad alejada del caos de las ciudades y su bullicio.

Viví 13 años en Australia pero, por alguna razón, siempre sentí la necesidad de volver a mi país. Una especie de llamado, así que regresé. A pesar de que Australia es un país donde el surf se promueve mucho y de tener excelentes playas, no fue sino hasta que volví al Perú, hace cinco años, que decidí experimentar con el mar. En el surf y el yoga encontré un espacio para meditar y alejarme de todo lo negativo de Lima.

Tener playas tan cerca de la ciudad es una suerte que los limeños no apreciamos mucho. Así, tratando de reafirmar la decisión de regresar a mi país, encontré en las olas un buen motivo para estar tranquila. Y en la costa peruana, encontré un objetivo para mi fotografía. Tras cinco años de reencuentro con el Perú, en noviembre de 2016 viajé de vuelta a Australia con algo más en mi equipaje: la pasión por el océano.

8 - CURL CURL

Hoy estoy en Curl Curl Beach, una hermosa playa de arena rodeada de vegetación al noreste de Sydney. Me levanto antes de las siete de la mañana para ir a correr el early, y aún así el calor ya es intenso. En Australia, los surfers y bañistas son madrugadores para poder refrescarse en el Océano Pacífico. Así que, cuando el pequeño camino delimitado con barandales de madera que me lleva hacia la playa se termina, el paisaje ya tiene a decenas de personas combatiendo el calor en las aguas de Curl Curl.

En la orilla, analizo el movimiento y la forma del mar. Este verano las olas no son las esperadas en Curl Curl y en estos últimos días el mar ha estado un poco flat, sin olas. Igual la imagen es espectacular. El mar está en el lado opuesto aquí: mientras en Lima está al oeste, en Sydney está al este, por lo que el sol se asoma por el Pacífico en las mañanas. Es una especie de sunset invertido. Ya sea la puesta sobre las olas o el amanecer en el horizonte, sol y mar cargan de una energía positiva y de buenas vibras a cualquiera que los mire interactuar. Es un espectáculo hermoso.

Mucha gente me pregunta qué pasa por mi mente cuando entro al mar australiano, por el peligro de los tiburones, una preocupación que ronda estas playas. Una vez, hace casi ocho años, me encontré con uno. Estaba en un kayak en Seal Rocks, una playa al norte de Sydney. Realmente me asusté mucho. Era una criatura en su elemento y yo una visitante. Pero debo decir que ya lo superé. En Curl Curl el agua es tan cristalina y transparente que puedo ver todo lo que pasa ahí dentro. Además, si hubiera una situación de peligro, las olas revientan bastante cerca de la orilla, así que salir es muy sencillo. Entrar en la naturaleza implica respetar el espacio de todas sus criaturas.

El agua es verdeazulada, y la calma que te da mirar al cielo y sus bellas nubes de algodón contrasta con el sonido de las olas rompiendo. En un buen día, Curl Curl te puede dar tubos de hasta casi dos metros. En estos días ventosos de verano, las olas están desordenadas. Aún así, me acompañan en el agua varios surfers que hacen lo que pueden con las condiciones marinas. Desde adentro, la playa se ve inmensa y lindísima. Los colores de la arena y la vegetación se funden en un collage hermoso. Un par de buenas olas y algo de relajo. No necesito más para estar feliz.

Me despido de Curl Curl enjuagándome en sus duchas públicas, que por las densas plantas que las rodean se convierten en casi privadas. Es ahí, ya terminando el día, cuando pienso en la suerte de poder surfear en un lugar así. Y también pienso en el Perú, en su mar, en la fotografía. Estar lejos de casa te da otra perspectiva. Viajar, conocer, surfear. Tres cosas que te cambian la vida.

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