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El camino verde

Conservamos por Naturaleza presenta la guía de destinos ecológicos La ruta natural: para explorar el Perú con responsabilidad este 2017, que ha sido declarado por las Naciones Unidas como Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.

Por: Tilsa Otta | Fotografía: La ruta natural

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Cuatro años de experiencias y miles de kilómetros reconocidos han sido plasmados en la guía La ruta natural. Viajes y destinos Conservamos por Naturaleza, que vio la luz en diciembre del año pasado. Esta publicación es un aporte de Conservamos por Naturaleza, plataforma creada por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental, SPDA, que brinda apoyo a iniciativas de conservación voluntarias en el Perú, promoviendo alianzas y acciones para contribuir al cuidado del medio ambiente.

Como bien señalan sus creadores, La ruta natural es más que una guía de turismo de naturaleza: es una invitación a ser parte de un movimiento que busca un Perú más consciente y sostenible. Sus páginas son también un justo reconocimiento a la gente que conserva tierras en costa, sierra y selva para beneficio de todos: comunidades que cuidan los pajonales en las alturas y proveen de agua a una ciudad, personas que han convertido chacras y potreros en refugios para la vida silvestre o individuos que se han dedicado a salvar los relictos de bosques de huarango en el desierto.

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Caminos que se abren

En la primera edición de La ruta natural (palíndromo ideal encontrado en un fundo orgánico en el desierto de Ica) se podrá encontrar 18 rutas recomendadas por el equipo de Conservamos por Naturaleza, además de 68 destinos repartidos en casi todas las regiones del país. Bosques nublados, desiertos, cavernas que se parecen al centro de la Tierra, impresionantes cascadas, comunidades nativas, indígenas y campesinas, son algunas de las locaciones que se encuentran en los caminos propuestos.

Los diferentes destinos ofrecen la oportunidad de practicar caminatas, kayak, escalada, reforestación, agricultura, observación de aves, ceremonias medicinales y bioconstrucción, entre otras actividades que procuran acercarnos a nuestro entorno y enseñar a valorar la (propia) naturaleza. Jack Lo, miembro de CxN, resalta que el diseño de estas rutas permitió conectar iniciativas hermanas, creando redes que enriquecen la experiencia del visitante. Para llegar a estos lugares, lamentablemente desconocidos para el común de los mortales, fueron marcando con el mapa del Perú en la mano los lugares donde el Ministerio del Ambiente ha reconocido Áreas de Conservación Privadas (ACP) o ha otorgado concesiones para que personas y organizaciones se encarguen de la conservación de espacios naturales, promoviendo actividades de investigación, educación ambiental, manejo sostenible y ecoturismo.

Las ACP empezaron a ser promovidas por el Estado desde 2001 y actualmente son más de 150; juntas protegen más de un millón y medio de hectáreas. Desde que sus habitantes se comprometieron a conservar adecuadamente sus terrenos, la fauna reflorece y especies que se habían alejado por las condiciones adversas han retornado, como las pavas aliblancas, a las que se puede visitar en el ACP Chaparrí, en Lambayeque. En otras zonas se lucen la lechucita bigotona, el colibrí cola de espátula, el oso de anteojos, el cóndor andino, jaguares y demás especies que ubican al Perú como uno de los países más biodiversos del planeta.

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Cuidando la huella

Es uno de los principales consejos para disfrutar mejor el viaje que emprendamos. Y si se aplica ese principio a la vida diaria, se está hablando de desarrollo sostenible. Este concepto, hoy infaltable en las agendas mundiales debido a la crisis medioambiental, implica en resumen “satisfacer las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”; es decir, un consumo responsable de los recursos naturales para no seguir acelerando el desequilibrio de los ecosistemas.

Muchos peruanos (y algunos extranjeros enamorados de nuestro país) están trabajando por un desarrollo sostenible y La ruta natural crece junto con ellos. Jack Lo relata solo una de tantas experiencias: “Una comunidad de exagricultores decidió dejar de talar el bosque y convivir con él. Empezaron a ver mejores opciones para tener ingresos, primero hicieron carbón en base a los restos de coco, luego aceite de coco, ahora hacen carbón con todo tipo de restos del bosque. Son unos tigres porque cada vez que los encontramos nos cuentan que están haciendo más cosas. Ahora han conseguido un financiamiento y están construyendo puentes colgantes en su bosque. Son iniciativas de gente increíble”, asegura.

“Esperamos que la gente se inspire y se motive de la manera como nosotros lo hemos hecho al conocer a cada uno de ellos”. Y no hay duda de que la guía surte ese efecto: basta con abrirla y dar un vistazo a los paisajes deslumbrantes, la fauna y flora exótica a las cuales los ojos citadinos están tan poco habituados, y a la gente trabajando en un ambiente de paz y camaradería. En pocos minutos se estará leyendo la publicación con una mano, mientras que con la otra se busca pasajes aéreos, se googlea programas de voluntariado o se buscan residencias creativas en medio de la selva. La naturaleza llama.

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