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Tras las huellas del jaguar

El fotógrafo peruano especializado en vida silvestre, Michael Tweddle, viaja todos los años al Pantanal brasileño para dirigir un safari fotográfico que se interna en la zona de conservación del humedal en busca del felino más grande de América: el jaguar. 

Por: Michael Tweddle

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El turismo fotográfico es una nueva corriente que se suma al ecoturismo y al birdwatching como una alternativa para internarse en la naturaleza de manera sostenible y responsable. Los safaris fotográficos funcionan como joint ventures entre fotógrafos y científicos que, junto a una empresa turística, ayudan a dar mayor viabilidad a un proyecto de conservación. Una persona que disfruta de la naturaleza de cerca y conoce a sus criaturas desarrolla mayor sensibilidad para proteger un hábitat, un paisaje o un animal. Además, todos queremos contar nuestra experiencia de viaje y las imágenes nos permiten compartir más fielmente nuestros recuerdos. Es así que toda publicación y las redes sociales se convierten en una herramienta de difusión. En el caso de los safaris fotográficos, estos tienen un gran punto a favor: a diferencia de los safaris de caza, el trofeo que te llevas es la foto que puedes compartir con tu familia y amigos; el animal queda vivo y libre para ser observado y retratado nuevamente.

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Descubriendo el pantanal

El Pantanal es una llanura compartida por Brasil -donde se encuentra la mayor parte de su territorio-, Bolivia y Paraguay. Es considerado el humedal más grande del planeta. Su zona de conservación está situada en el extremo sudoriental del Estado de Mato Grosso, y abarca las cabeceras de los ríos Cuiabá y Paraguay. Gran parte del territorio comprende grandes ganaderías. Sin embargo, en los últimos años muchas haciendas han encontrado en el ecoturismo una buena manera de generar ganancias que benefician a su entorno.

El Proyecto de ecoturismo con jaguares se inició hace casi 11 años, impulsado por el biólogo estadounidense Charles Munn (nombrado por la revista Condé Nast Traveller como uno de los tres principales expertos en turismo de naturaleza del mundo) y la bióloga peruana Mariana Valqui. Ambos habían trabajado con anterioridad en el Parque Nacional del Manu y en Tambopata, en la Amazonía peruana. A mí me convocaron en 2014. Hasta ese momento, tras 30 años viajando por las selvas de América, solo había conseguido ver cinco jaguares. Sin embargo, en mi primera semana en el Pantanal ya había fotografiado a 11 felinos distintos. No es que en el Perú existan menos jaguares: lo que sucede es que nuestra geografía es tan compleja que es difícil verlos. El Pantanal, en cambio, es un terreno plano. Por otro lado, allá los gatos son diurnos porque su presa principal, el caimán, se asolea de día. Solo hace falta tener un poco de paciencia y saber buscar para internarse con éxito en tierra de jaguares.

JAGUAR

La ruta felina

El safari que dirijo es el Jaguar Extremo. Hasta ahora el circuito siempre se ha realizado en bote, pero a partir de este año también se operará por tierra en camiones adaptados. Después de recorrer la Transpantaneira, carretera que conecta la ciudad de Cuiaba con el Pantanal, nos internamos por una semana en tierra de jaguares con la comodidad de albergues con aire acondicionado y el placer de dormir en el Southwild Pantanal Flotel, único albergue flotante en medio de la zona de mayor concentración de jaguares.

Los días empiezan muy temprano: el desayuno es entre las 5 y las 7 de la mañana, y máximo a las 7:10 ya estás en la ruta. Mientras surcamos el río y sus afluentes en nuestra embarcación privada en busca del jaguar, la vegetación permite descubrir su gran biodiversidad: uno se encuentra con familias de divertidas nutrias gigantes, capibaras, anacondas, monos, aves, ciervos, osos hormigueros, cientos de caimanes y el más grande de los loros, el guacamayo jacinto de color azul intenso.

El jaguar, también llamado otorongo en nuestra Amazonía, es el felino más grande de América. Es del tamaño de una leona africana: un macho grande puede llegar a pesar 150 kilos y una hembra pequeña llega a los 75 kilos. Además, es el felino que tiene la mordida más potente, incluso más que la del tigre o el león. Sus manchas características, a manera de rosetas, recorren todo su cuerpo, perfecto camuflaje para su medio ambiente. Una vez que estás en su territorio, son muchas las sorpresas que te esperan. En mis travesías por el Pantanal he encontrado escenas increíbles, como las de una familia de jaguares interactuando entre ellos u otras de felinos al acecho. También se puede estar cuatro horas esperando a que un jaguar se despierte y luego tener menos de un minuto antes de que se pierda en el bosque. Parte de la experiencia es entender que no puedes alterar la naturaleza: no puedes despertar a un animal o tratar de llamar su atención. No se permite que nadie lo haga, tienes que admirarlos respetándolos.

La cara de emoción que puse la primera vez que me encontré con un jaguar debe ser la misma que veo en la gente que viaja conmigo. Es muy emotivo cuando aparece el primer jaguar ante nosotros, contemplo las reacciones de mis acompañantes. Es muy común ver lágrimas de emoción, gestos, bocas abiertas y sonrisas de personas que han atravesado el mundo en busca del rey del Pantanal.

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