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La dinámica de la creatividad

En pleno cambio generacional a cargo de los hijos de los fundadores, Andrés Ramos y Horacio Goitre, la nueva directiva del Instituto de Peruano de Publicidad (IPP), estrena local y asume el reto de liderar la renovación de la institución. El objetivo: afirmarse como referente de la enseñanza de publicidad y marketing en el país. 

Fotografía: Macarena Puelles

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El IPP se pensó siempre como una fábrica de ideas. Un espacio para nutrir el talento y la creatividad, para alentar la curiosidad y darle la forma que el medio profesional local necesite. Este año cumplirá 32 años desde que sus fundadores, Julio Romero y Alfredo Goitre -quienes por entonces eran las cabezas de la agencia más grande en el Perú, McCann Erickson- quisieron dar respuesta a la necesidad de formar profesionales de la publicidad en el país. “No temo afirmar que ha habido un antes y un después del IPP en el mercado publicitario peruano”, asegura Andrés Romero, hijo del fundador y actual director ejecutivo. “La inyección de talento profesional que el instituto le ha dado al sector ha sido muy importante”, agrega. Y es que el IPP se concibió desde sus inicios como una institución que aporte nuevas miradas, nuevas propuestas, que empuje los límites de la creatividad. Naturalmente, eso ha implicado una constante preocupación por renovarse. Los esquemas han debido replantearse más de una vez, para asegurar que las ideas nunca dejen de fluir.

Todo es un ciclo. La vida lo es. Hace unos meses murió Alfredo Goitre, el socio fundador que seguía siendo cabeza y corazón del IPP (Julio Romero falleció en 2003). Su hijo Horacio Goitre, destacado por su trabajo como arquitecto, asume hoy la tarea de tomar la posta como director creativo y trabajar junto a Andrés Romero. En ese sentido, un nuevo periodo empieza para el IPP. El cambio generacional se evidencia más concretamente en la nueva sede que se estrena: se dejó la clásica casona en Jorge Basadre para mudarse a un nuevo local en Magdalena, con un diseño industrial y una estética más dinámica, pensada en las nuevas tendencias educativas y de coworking, y en generar nuevos puntos de interacción entre alumnos y profesores. “La propuesta siempre fue estar a la vanguardia del rubro”, opina Horacio desde las nuevas oficinas. No tener miedo al cambio es uno de los principios de la creatividad.

De todas maneras hay algunas cosas que deben permanecer, pues son parte de la esencia de la institución y de su éxito. Buena parte del reconocimiento obtenido por el IPP se debe a que estuvo concebido y dirigido por publicistas, y no por empresarios. “No es que vieron un nicho o una oportunidad de negocios, siempre estuvo pensado, dirigido y conformado por publicistas en su plantel de profesores”, asegura Horacio, para luego referirse a una política de crecimiento contenida que garantiza la calidad. “Antes de pensar en abrir otra filial en Lima o en provincia, preferimos estar muy bien afianzados, garantizando que nuestros profesores estén totalmente vigentes en el mercado, que la calidad de enseñanza sea la mejor”, agrega. Después de tantos años, muchos de los profesores que hoy enseñan en el IPP son sus propios exalumnos. No solo eso, también son los directores creativos y gerentes de marketing de empresas, o dueños de agencias.

La institución ofrece tres carreras de tres años cada una: Ciencias Publicitarias, Diseño Publicitario y Comunicación Audiovisual. Actualmente cuenta con cerca de 800 alumnos. No se ha querido convertir en una universidad porque la experiencia los ha convencido de que este periodo de formación es suficiente para darle al alumno el perfil que se necesita. Sin embargo, ha establecido convenios con universidades extranjeras que no solo complementan la educación del estudiante, sino que aportan la experiencia de vida afuera. Estas son la Universidad del Estado de Nueva York, la Universidad Edith Cowan de Australia y la Universidad del Salvador en Argentina. Además, el IPP tiene un convenio con la Asociación Internacional de Publicidad.

“Nos autodenominamos la agencia de publicidad más grande del Perú, no solo por la cantidad de talento que hemos ofrecido al mercado sino porque ese talento ha sido premiado”, sonríe Andrés. “Perú empezó a figurar en el Festival de Cannes con nuestros exalumnos. Nosotros nos sentimos también reconocidos a través de ellos”, añade. Para las nuevas cabezas del IPP, el reto es grande. Y con esa certeza empieza un nuevo periodo para la institución. También con otra: que los retos son el origen de las mejores ideas.

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