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La arquitectura que creó La Quebrada

Hace 30 años la playa La Quebrada era un lugar deshabitado, hasta que llegó la arquitecta Beatriz Pestana y erigió un pequeño pueblo de la nada. Las casas que construyó en ese entonces han cambiado, pero su filosofía de buscar la luz en las viviendas sigue siendo la misma.

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Si camina por la playa La Quebrada, en el kilómetro 46 de la panamericana sur, notará que las casas están incrustadas en el cerro. El buen hacer arquitectónico ha logrado que cada residencia tenga vista al mar y al malecón, pero no viceversa: los transeúntes no pueden ver lo que hacen los residentes. «Hay privacidad y convivencia», comenta la arquitecta y artífice Beatriz Pestana. Ella edificó este pueblo de la nada.

Beatriz tuvo la idea cuando paseaba por las playas de España y veía su desarrollo arquitectónico. «Cómo es posible que mi padre tenga toda una hectárea en La Quebrada y no haya nada construido», pensaba. A su regreso se enfrascó en el proyecto. Junto a su, en ese entonces, esposo Luis Valdizán se encargó de edificar el malecón y las alamedas, instalar luz y agua, habilitar las pistas y áreas de deportes y hasta arenar la playa, que en ese momento era de piedra, allá por 1989.

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Las primeras diez casas y el edificio con tres departamentos que diseñó en La Quebrada tienen un estilo rústico. De troncos de eucalipto, techos de caña chancada y paredes sin tarrajear, recuerdan más a bungalows que a casas propiamente dichas. En las posteriores etapas de construcción intervinieron diversos miembros familiares, siendo el último su hijo Luis Valdizán.

La relación de Beatriz Pestana con la arquitectura es familiar. Sus abuelos, tanto paternos como maternos, son arquitectos, además de sus padres y hermanos. Siguiendo la tradición, estudió esta profesión en la Universidad Ricardo Palma en una época donde había mucho énfasis en la arquitectura social. «Allí me di cuenta de la necesidad y escasez de viviendas en nuestro país», dice Beatriz.

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Desde ese momento Pestana se especializó en el diseño de la vivienda, tanto en la ciudad como en el campo, con un estilo donde predomina la búsqueda de la luz natural en los espacios. «El ser humano se enriquece al estar en contacto con el exterior y la naturaleza», afirma la arquitecta que ha realizado proyectos en Cañete, Olmos, Chincha, Máncora, Órganos, entre otros. Una de las facetas que más ha desarrollado en su carrera son las casas de verano, donde las funcionalidades están más afuera que adentro y la mayoría de ambientes –como la terraza, la parrilla, la piscina- son exteriores.

En sus casi treinta años de existencia, las casas de La Quebrada han cambiado. «Tienen otro lenguaje porque ahora cuentan con diferentes materiales», comenta Beatriz sobre el reemplazo de los troncos y cañas deteriorados por madera tratada y muros de piedra. Pero la esencia es la misma. Porque, como en toda la arquitectura de Beatriz, siguen siendo espacios donde la luz y la naturaleza son un residente más.

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