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Las semillas del fin del mundo

El proyecto Bóveda Mundial de Semillas de Svalbard, financiado por el Gobierno de Noruega y gestionado por el Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos, guarda en un búnker un duplicado de semillas de todos los alimentos del mundo [entre ellos la papa peruana] para evitar su desaparición.

A más de mil metros del Polo Norte, en medio de glaciales y bajo temperaturas extremas, la humanidad esconde uno de sus mayores secretos tras una puerta que pasa casi desapercibida en un paisaje inhóspito. A simple vista se podría tratar de una simple caseta de seguridad, pero al atravesarla se ingresa a un búnker capaz de resistir terremotos, bombas y radiación; y que protege bajo sus muros una copia de todas las semillas del mundo.

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La Bóveda Global de Semillas de Svalbard es un proyecto que busca garantizar la continuidad de la biodiversidad en el planeta y el destino de los seres vivos ante la amenaza del calentamiento global y sus terribles consecuencias, o ante las hambrunas y guerras producidas por el hombre. «Nuestro objetivo es conservar aquí una copia de seguridad de las semillas de todo el planeta. Así, frente a cualquier catástrofe, la biodiversidad de los cultivos estará a salvo», asegura Ola Westengen, genetista noruego y coordinador del proyecto. Esta especie de Arca de Noé del siglo XXI, está excavada a 120 metros dentro de las islas noruegas de Svalbard. La instalación se sitúa a 130 metros bajo el nivel del mar y consta de tres cámaras subterráneas separadas. En cada una se puede almacenar 1,5 millones muestras de semillas que se mantienen a una temperatura de -18 grados centígrados. «Incluso en los peores escenarios del calentamiento global, dentro de la bóveda haría suficiente frío como para preservar la biodiversidad de los cultivos durante siglos», explica Westengen.

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La excavación de la bóveda no fue una tarea fácil. Para llevarla a cabo se transportó una gigantesca tuneladora desde la península noruega; a pesar del desafío, la construcción se completó en poco más de año y medio, y su costo fue de aproximadamente seis millones de euros.

La cámara con capacidad para almacenar 4,5 millones de semillas se abre dos veces al año, en octubre y en febrero, cuando llega a la isla el barco procedente de Oslo con cajas selladas y llenas de semillas frescas enviadas por organismos de todas partes del mundo. Hasta la fecha, la colección supera las 840.000 variedades. Cebada japonesa, alubias negras de Brasil, trigo, maíz, arroz o 750 variedades de papas [entregadas por agricultores quechuas del Parque de la Papa de Cusco] se cultivan en este búnker apodado ‘el granero del fin del mundo’.

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