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[AS 187] Surfing the city

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Old Tripper empezó en el 2013 como un ‘cachuelo’ entre amigos y terminó convirtiéndose en una idea de negocio que replantearía la idea de moverse sobre el asfalto. Sus cruisers [primos cercanos de los skates] hechos de forma artesanal, uno a uno, han llegado para quedarse. ¿De qué se trata esta alternativa de transporte urbano?

 

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De izquierda a derecha: Fernando Dedios, Daniel Pinglo y Sergio Días.

 

Son como una máquina del tiempo con ruedas, como la patineta de Marty Mcfly de Volver al Futuro pero sin anti gravedad. Ni skate, ni longboard, ni Penny; Cruiser es el nombre apropiado. Pero, ¿qué ha hecho tan especial a esta tabla, que John Lennon, Michael Jackson, Chuck Norris y hasta Clint Eastwood se volvieron fans de su estética en los años sesenta? Pueda que su funcionalidad. O quizá la moda de la época. Pero lo cierto es que cuando un objeto se vuelve trascendental, más que por su uso o diseño, lo hace por la idea que se esconde detrás del mismo. Por ello hablar de cruisers es hablar de los años hippies, del flower power, del surf, las tablas Malibú, y de la vehemencia por rasgarse las vestiduras en nombre de la libertad.

Más allá de la madera, Sergio Díaz, Fernando Dedios y Daniel Pinglo, quienes están detrás de Old Tripper, definen la filosofía de su marca de la siguiente forma: «Se trata de la democratización del skate, una opción de transporte alternativa». Los boards están pensados para aquellos que no practican deportes extremos, pero gozan de la sensación que solo sabe brindar el viento sobre el rostro, de moverse sin el estrés de las combis o las horas punta. Porque no hay nada como ser dueño del camino propio. Los tres afirman no haber creado marca alguna, sino haber puesto en evidencia un estilo de vida. «Todo esto nació de una ansiedad que teníamos por mostrar cómo es que se debía vivir».

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Dueños del negocio

Sergio y Fernando vendieron sus autos para hacer este sueño realidad. El capital es uno de los recursos más importantes para llevar a cabo un proyecto independiente, sobre todo cuando empiezas haciendo boards en el tercer piso de la casa de un amigo [Diego Pinglo] y solo es posible costear el importe de quince piezas de tracks para ensamblarlos a las tablas. Fabricar el producto uno a uno, de forma casi artesanal, se convirtió en la ruta que había que tomar. Porque era la única. Lejos de la tan ansiada producción en masa, sueño de todo pequeño productor, Old Tripper encontró su esencia [o lo que en marketing se conoce como ‘beneficio diferencial’]: su estilo vintage, artesanal. No por nada, el material del que están hechos los boards es madera de Ulcumano, proveniente de Oxapampa; o la lija que recubre su superficie, de granos de poliuretano reciclado, con trozos de vidrio.

Con las piezas ya ensambladas, solo quedaba esperar que la maquinaria se moviera. De aquella azotea se hicieron los primeros envíos locales: a personas del círculo cercano. La propuesta era clara y el producto novedoso. «Si alguien sabía cómo shapear este tipo de tablas, nadie se había atrevido», dice Daniel.

Como todo en un inicio, solo requería de dedicación y un buen par de coincidencias. Como la que ocurrió en setiembre del 2014, en la normalidad de un arribo al aeropuerto. Sergio regresaba de Cusco y se topó con un grupo de panameños que gustaron de aquella tabla ovalada y en punta que llevaba bajo el brazo. Si bien hace tres años vendían lotes de dieciséis tablas, hoy venden uno de doscientos. La azotea sigue siendo un punto de encuentro, pero la producción ha adquirido un nuevo calibre: Old Tripper tiene proveedores de madera, tracks y llantas, y diez puntos de venta entre franquicias surfer como Rip Curl. «La idea es posicionarnos, más que como una marca, como un estilo de vida», agregan los creadores.

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