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Soñar despierto

Adrián Saba estrenó ‘El Soñador’, su segundo filme luego de ‘El Limpiador’, cinta con la que ganó el premio ‘New Voices/New Visions’, en el Festival Internacional de Palm Springs, en Los Ángeles. Conversamos con el director sobre las idas y venidas en la realización de esta película, sus sueños tras la cámara y su siguiente proyecto.

Por: Jesús Cuzcano | Fotografía: Oliver Lecca

La sinopsis de ‘El Soñador’ va así: Sebastián es un ladrón de poca monta al que llaman ‘Chaplin’ en las calles. Es un joven que renguea entre los saqueos de edificios industriales junto a una pandilla y sus fantasías –cada vez más constantes- para escapar de la realidad. «Un fugitivo», lo llama Adrián Saba.

Este es un filme que se desarrolla en una realidad distópica, un universo inventado por el director, sombrío, peligroso, que acaso se va coloreando gracias al enamoramiento del personaje principal en un momento de su historia. «Tenía ganas de contar una historia cinematográficamente libre», acota Saba, «una de amor y de sueños, que son dos mundos de expresión bastante libres artísticamente. El mundo onírico me permitía no seguir alguna lógica en particular, podía saltar de un lugar a otro». Y aunque ‘El Soñador’ parece flotar en una realidad imposible, en sus fotogramas impregna una realidad universal: la presencia del amor en medio de la hostilidad –casi- normalizada.

El director advierte: «Conforme avanza la película, la línea entre sus sueños y la realidad se vuelve más delgada». ¿Será ese un problema? Esa conclusión ya no nos corresponde, sino al espectador. Sin mayor preámbulo, la entrevista.

ADRIÁN SABA

 

¿Soñar es necesariamente escapar?

De cierta manera sí. Y no está mal, todo lo que vemos en el mundo está construido sobre sueños, de personas que querían alterar su realidad y que veían más allá de lo que estaba enfrente. Desde el avión al teléfono, al auto. El mundo en que vivimos está construido en base a sueños. Y muchas veces nos olvidamos de eso.

¿Esta idea: ‘escapar de la realidad’, la tomas de alguna experiencia personal?

No tengo tantas alucinaciones como le sucede al personaje en la película, pero sí me cuestiono mucho el concepto de un destino y de si todo está predeterminado. Todos nacemos en una realidad y eso de alguna manera determina algo. Yo me pongo a pensar, ¿qué hubiera pasado si hubiera nacido en una familia de bomberos? ¿Haría cine? Yo creo que mi expresión artística se dio por las circunstancias.

¿Crees en el destino?

No lo sé… Y yo hago cine justo para interpretar estas dudas, pero eso no significa que encuentre respuesta.

Entonces, ¿tiene el cine la función de ayudarnos a crear nuevas preguntas?

El cine cuenta una historia. A mí no me interesa ser aleccionador, me interesa revelar algo y que cada uno saque sus propias conclusiones. Es lo más justo.

No crees en las verdades absolutas.

Es que yo dudo de todo. No sé si existe una verdad absoluta.

¿Por qué crear una realidad distópica en ‘El Soñador’?

No lo sé. Pienso que son cosas inconscientes. Y pienso que es importante no cuestionarme de dónde nacen mis ideas, porque me voy a empezar a censurar. El siguiente proyecto que tengo, en teoría, no sucede en una realidad distópica. Creo que mis proyectos son una respuesta a mi trabajo anterior. Como estas dos películas [‘El Limpiador’ y ‘El Soñador’] tienen lugar en mundos distópicos, quiero salirme de ese molde. No quisiera ser predecible.

‘El Soñador’ inicialmente tenía otro título.

Se llamaba ‘Donde sueñan los salvajes’. Pero no me terminó de convencer. Me gusta ponerle título a mis películas al inicio y al final de la filmación. Y cuando terminas de ver esta película, ‘El Soñador’ es el único título que tiene sentido, más que el primero, que es bien poético pero no resalta lo que es la película. No quería poner un adjetivo, ‘salvaje’, en el nombre. Eso que lo decida el público. Y así como cambió el título también cambió la historia. Porque esta está siempre reescribiéndose: durante la escritura, el rodaje y la edición.

¿Qué resaltas de ‘El Soñador’ a nivel de simbolismos?

Hay mucho mar presente. Queríamos filmar en una ciudad portuaria porque el océano tiene mucha nostalgia. Es infinito. Te da la sensación de que hay algo al otro lado. Y me gusta mucho como elemento simbólico.

¿Y sobre la música?

Quería contar con música clásica, que remite más a lo poético. Quería distanciarme del mundo de las pandillas, elevar ese mundo de crimen. Y darle lo contrario: una música detallista. Esto ayudó a resaltar más el lado humano, le dio belleza estética a momentos donde uno no la encontraría.

¿Es el cine la suma de todas las artes?

Sí y tal vez por eso conecto tanto con este, porque es donde más cómodo me siento. Siempre he estado involucrado con todo un poco [música, poesía, fotografía] y siento que en el cine puedo desarrollar mis ideas por completo.

¿Una película es una radiografía de una realidad?

Me gusta mucho la antropología [además del bachelor que Adrián hizo en la Hofstra University, en Nueva York, también hizo un minor en antropología]. Una película es como una radiografía social. Porque lo que más le concierne al cine es el comportamiento humano. Y eso también está en la antropología: tratar de entender los por qué.

¿Filmar es un proceso de catarsis?

Es éxtasis puro y puede ser adictivo. Es muy emocionante ver cómo todas las piezas van tomando forma. El cine es un proceso interesante porque realmente es como parir. Al comienzo, la idea se gesta dentro de ti. La empiezas a escribir y no se lo cuentas a nadie. Luego compartes ciertas cosas, pasas el guión a algunas personas. Luego entra a rodaje y ya la compartes con el equipo, con los actores. De pronto terminas de filmar, pasas a la edición y la ven más personas. En la etapa de distribución la compartes con un festival. La película sigue creciendo hasta que se estrena y sale de ti. Ya no te pertenece; le pertenece al mundo. Y las opiniones del mundo van a ser tan válidas como la tuya. He descubierto cosas de mis películas a través de otras personas. Es hermoso ver cómo una película cobra vida propia, crece, camina y se defiende sola.

¿Qué puedes decirnos sobre de tu nuevo proyecto: ‘La erección de Toribio Bardelli’?

Es una película sobre aprender a aceptarse uno mismo y así poder crecer. Creo que ‘crecer’ es una idea que habitualmente está atribuida a ser joven; pero por el contrario uno siempre está creciendo. Toribio Bardeli [70] es el núcleo de una familia desintegrada. Él es el padre y está obsesionado con tener sexo con varias personas luego de que su esposa fallece… y con esto ya te he dicho demasiado.

En el 2014, ‘El Limpiador’ fue voceada como posible nominada a los Oscar’s por mejor película extranjera. Eso conlleva a una mayor responsabilidad como director.

Hay más presión para hacer una película, la gente espera mucho más de ti. Pero hay que intentar manejarlo y poner todo en perspectiva. Al final, estás haciendo una película más. No estoy en los zapatos de Tarantino ni de Damien Chazelle [director de La La Land]. Obviamente siento presión y responsabilidad y creo que nunca tendré la misma libertad que tenía con ‘El Limpiador’, donde no le importaba a nadie.

¿Sería bueno retomar el anonimato al momento de filmar?

Totalmente. Aunque siento que tengo que hacer un par de películas más para poder decir si lo extraño [el anonimato]. Pero hacer una película con esa libertad es genial, donde no le importas a nadie, donde si fallas o no fallas… no pasa nada.

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