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Competir contra uno mismo

El nadador con el récord nacional de 100 metros estilo libre sabe que ganar en una piscina solo depende de él.

Por: Carlos Portugal | Fotografía: Olver Lecca

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Las noches antes de competir, Sebastián Arispe, el nadador de veinticuatro años, escucha en una grabación cómo será el triunfo del día siguiente. Se imagina braceando, moviendo sus piernas debajo del agua. El objetivo es que la mente procese la información, mientras el cuerpo está durmiendo.

Sebastián Arispe comprendió la importancia de la psicología a los quince años. Entonces, algo le sucedía: tenía excelentes tiempos en los entrenamientos que no igualaba en las competencias. Estaba muy bien física, técnica y tácticamente, pero no ganaba. Los entrenadores se sorprendían: «Tienes muchísimo potencial porque en los entrenamientos la estás rompiendo; pero a la hora de competir sentimos que no estás rindiendo como deberías», le repetían. Cuando entrenaba, su tiempo era igual o mejor que los de sus compañeros; pero ellos ganaban torneos.

El nadador que representaba al Club de Regatas Lima decidió visitar al psicólogo deportivo de esa institución: José Antonio Valdivieso, un español graduado de la primera maestría en Psicología del Deporte que se hizo en Europa en 1991, organizada por la Universidad Autónoma de Madrid y el Comité Olímpico.

En la sesión inicial, Valdivieso notó que debían trabajar la autoconfianza. «Sebastián tenía unas condiciones físicas y técnicas increíbles, pero le faltaba sentir que podía lograr los resultados», recuerda. Por eso, la decisión fue trabajar a largo plazo la técnica de la imaginación; la cual se basa en programar nuevas aptitudes con el fin de que la persona consiga mejorar su confianza al verse logrando algo. Es decir, estar en un estado inducido de relajación y pensar en imágenes que influyan en los sentidos, y que se sienta el movimiento bajo el agua, las presiones musculares o la temperatura del agua. Las metas a imaginar variaban: completar la carrera en 52 segundos con 68 centésimas, clasificar al mundial, ganar un campeonato nacional. Las sesiones empezaban con el psicólogo que le preguntaba por un objetivo y Arispe escuchaba música relajante de fondo, mientras pensaba en la carrera que Valdivieso le relataba.

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Para los minutos antes de competir, el psicólogo le enseñó al nadador técnicas de relajación que buscaban tranquilizarlo o activarlo según sea necesario. Para tranquilizarse, debía tomar aire la mitad de tiempo que lo expulsaba, con un ritmo que se basaba en tomar cuatro segundos, aguantar tres y expulsarlo en ocho. Para activarse, era lo contrario, tomaba aire tres segundos y lo expulsaba durante uno, movía los brazos y sacudía el cuerpo. «Una mala preparación mental determina el fracaso de un deportista», añade Valdivieso. Después de las sesiones, el nadador comenzó a ver resultados: se colgó cinco medallas en el Sudamericano Juvenil de Caracas, clasificó al Mundial de Roma, al de Dubái y a las primeras Olimpiadas Juveniles en Singapur. En el mejor momento de su carrera, a los 18 años, consiguió una beca completa como deportista en la Texas Christian University de Estados Unidos. La madurez para él fue comprender que la natación es un deporte donde el reto está contra uno mismo, obviando los factores externos como pensar en la meta, en la voz del entrenador o en los competidores. Sebastián Arispe aprendió a tener la mente en blanco. «Me di cuenta de que en verdad nadar es competir contra ti mismo; debes superarte a ti mismo», dice.

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El 2015 regresó al país y se reintrodujo en la natación peruana. Había pasado cuatro años compitiendo en Estados Unidos, donde las piscinas se miden en yardas. Participó en carreras de 100 metros estilo libre y durante el 2015 y 2016 fue el nadador con mejor tiempo en 100 metros estilo libre en el país, y obtuvo la mejor marca técnica. El año pasado, Arispe estuvo a punto de clasificar a las Olimpiadas, pero se quedó a 20 centésimas de lograrlo. Lo cual equivale a menos tiempo del que demora cerrar rápido una mano. Para el nadador clasificar era llegar al certamen más grande de la natación. «Lo último que haré es rendirme, seguiré luchando. En el ámbito nacional, no hay otro nadador de mi edad que continúe entrenando así», dice.

En un deporte con uno de los índices más altos de abandono con una media en competencias nacionales de dieciocho años, Sebastián Arispe compite contra deportistas menores que él. Para el psicólogo Valdivieso, esta incidencia de abandono se debe a que la natación es uno de los deportes más duros y sacrificados. «Un nadador cuando entrena tiene una raya negra debajo y no puede ver un paisaje, ni subir una cuesta», sostiene. Es la fortaleza mental la que hace que Arispe continúe braceando.

Un deportista en el Perú no solo debe vencer a su cuerpo y mente, sino también factores económicos. En un país con escasos apoyos privados y del Estado para atletas, muchos deportistas abandonan la alta competencia cuando comienzan a trabajar. El año en que Sebastián Arispe regresó de Texas, se dedicó solo a entrenar y consiguió dos auspiciadores. Pero no resultó suficiente y hace cuatro meses tuvo que empezar a trabajar, sin abandonar la alta competencia. Desde entonces, Arispe entrena todas las madrugadas en el agua y en el gimnasio antes de trabajar. Ahora su objetivo es hacer 50 segundos en 100 metros estilo libre. Tiene que bajar medio segundo para conseguirlo. Lo cierto es que dos años de entrenamiento pueden representar tan solo centésimas de mejora, pero él está mentalizado en el objetivo. Por lo pronto, durante las noches, se imagina compitiendo en los Panamericanos de Lima 2019, mientras escucha una grabación con la voz del psicólogo que quizá, sin saberlo, esté prediciendo el futuro.

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