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Editor invitado: Gonzalo Torres

Gonzalo llegó a nuestra redacción en medio del cierre a hacer sus comentarios sobre la edición. «Es tal cual me lo esperaba», nos dijo, pensando en la vorágine del cierre de edición. Sin importarle mucho la premura, se tomó su tiempo lapicero rojo en mano, y comenzó a hacer sus apuntes.

Limeño con esquina

Aunque el único jalado de su vida fue en un curso de historia, Gonzalo Torres cobró revancha cumpliendo diez años al frente de A la vuelta de la esquina, el programa donde hace una minuciosa revisión a la historia de nuestra capital. Conversamos con nuestro editor invitado sobre sus culpas, sus metas y el aclamado personaje de claun en el que se convirtió a los veintisiete años. Caminar por el centro de Lima con Gonzalo Torres para hacer la sesión de fotos que acompaña esta nota se vuelve una pequeña travesía. El breve espacio entre toma y toma es aprovechado por curiosos, fanáticos y transeúntes para pedir una fotografía junto al chico de la tele o, en más de una ocasión, arremolinarse frente a la escena para ver qué es lo que está sucediendo con el conductor de A la vuelta de la esquina. Él, paciente, sonríe en cada foto a pesar del abrumador sol de mediodía. A lo único que se niega es a cargar al bebé de una mujer que quería inmortalizar el retrato de su pequeño en sus brazos. No vaya ser que se asuste, no vaya a ser que se caiga. «Tengo algo pendiente», señala el actor. «Lo que quiero hacer –y probablemente me copien la idea luego de esta entrevista- es entregar una tarjetita con mi mail para que cada persona que se tome una foto conmigo, luego me la envíe. Pienso que podemos hacer una instalación a partir de eso», dice medio en broma, medio en serio.  Gonzalo está acostumbrado al reconocimiento desde 1997, cuando empezó a aparecer cada domingo en la pantalla chica con Pataclaun. Por ese entonces, el programa rompió los esquemas humorísticos de su época y un boom de popularidad alcanzó a todos sus integrantes. Pero su historia con la nariz roja no empezó en la televisión. Desde 1992, fue construyendo en el teatro a ese iracundo personaje de sotana morada que sacaba carcajadas del público gritando líneas como «¡Cállate la boca ‘care cocada’!» o disfrazándose de un chamán con peinado de dos colas sumergido en un trance exorcista.  —¿Cómo fue la creación de Gonzalete? — El claun juega con la aceptación de uno mismo. Es tu verdad vista a través de la nariz, que funciona como una lupa que puede agrandar o empequeñecer tus defectos y virtudes,  pero llevándolas al ridículo. Es eso, enfrentar nuestro propio ridículo. En ese sentido, Gonzalete soy yo mismo… a los veintisiete años. —¿Has cambiado mucho? —En esencia sigo siendo el mismo, pero he cambiado y madurado. Si volviera al claun, mi personaje no sería nada parecido a Gonzalete. Supongo que sería el profesor de Asu Madre.    Al terminar el programa, en 1999, Gonzalo estaba hastiado de Gonzalete. Pero tiempo después tuvo una reconciliación con esa parte de su vida. «Me reconforta haber sido parte de ese proyecto y me emociona que gente se me acerque a agradecerme por haberlos hecho reír. Además, ya sé que las repeticiones serán ad infinitum».  ¿Qué es lo último con lo que te has enganchado? Con House of cards, pero la tercera temporada me decepcionó. Está hecha como un chicle para alargar la serie hasta la cuarta temporada.  ¿Eres del tipo que ve episodio tras episodio o te enfrascas en maratones? Noooo, la maratón nooo. Alguna vez la he hecho, pero me da un poquito de culpa. No tengo tiempo, entonces tengo que quitar espacio a mis otras responsabilidades. ¿Qué otras cosas te dan culpa? Mi excesivo placer por comer. Ahorita en Arequipa me recomendaron una chocolatería y me compré unas trufas de queso helado. ¡Pffff, bestias! Me he traído quince, ¡pero para invitar, ah! ¡Que conste!   ¨Cestem fuga. Nam, volores dolor molendame omniti remquuntis ma nonserum quosantibus es et, simus repellupide dolessi aut utassit, ut et vente modis nobis nem ilit aut accatetur sitas volum voloreic totate vollaborum.¨ Tiempo, eso es lo que más escasea en su vida por estos días. Usualmente no toma vacaciones a menos que su esposa se lo exija; es decir, unas dos veces al año. Pero siempre para viajar, así que nunca descansa. Sus últimas vacaciones las tomó hace poco para viajar a Miami junto con unos amigos y su esposa solo para estar en un concierto de Fleetwood Mac. Toda una aventura groupie de cuatro días. Gonzalo siempre fue un fan acérrimo de la música, pero por ahora no toca más. «No tengo un grupo y, la verdad, me da un poco de flojera ir, llamar, juntarnos. Además tengo tantas otras actividades que no sé…», dice sentado en la sala de su casa, donde, al menos hoy, el timbre suena cada media hora porque alguien lo busca. [/toggle]

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