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Vivir a cien por hora

Grace Hemmerde es corredora de karts. El año pasado alcanzó el podio en todas las competencias en las que participó y fue campeona nacional en la categoría Senior B. Esta es su historia.

Por: Martín Balz // Fotografía: Oliver Lecca

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Grace Hemmerde corre como una bala por la pista, perseguida por el rugido del motor de su kart. Sus manos, firmes sobre el volante, siguen cuidadosamente la dirección de un vehículo que zigzaguea delante de ella. Es 2015 y está corriendo las Dos Horas del Kartismo, en Santa Rosa, al norte de Lima. Se trata de su primera competencia oficial. Solo había manejado cuatro veces en su vida y había entrenado tres veces
en pista antes de aquella carrera. Justo después de adelantar al piloto que estaba frente a ella, entra a una curva un tanto más cerrada, un kart se acerca a toda velocidad por su derecha y la embiste. Otro lo hace inmediatamente por detrás y empuja a la piloto fuera de la pista. Fue un pequeño tropiezo, pero lo que le esperaba a Grace era mucho más que un motor que había dejado de rugir. Y llegar allí no iba a ser sencillo.

El año de su debut fue el más duro por el que ha tenido que pasar; fue el año en que maduró más. La muerte de su padre, el piloto Goody Hemmerde, tuvo como resultado el replanteamiento de sus objetivos de vida. Grace cuenta que al ver partir a aquel hombre que había admirado tanto, quien la había introducido al mundo de los autos, volcó gran parte de sus intereses en los karts. La piloto había estado tras el timón desde que tenía uso de razón. Siempre se ha reconocido dentro de un auto, ya sea sentada sobre las piernas de su padre o como su copiloto, riéndose cada vez que él aceleraba. Ni bien llegó a los pedales, se esforzó por aprender, tanto que a los quince ya manejaba. Cuando ella le confesó a Goody que tenía miedo de decepcionarlo al aceptar la invitación de correr las Dos Horas del Kartismo, él fue quien la animó más. Ella sabía que por las venas de su familia corría gasolina y que lo que menos quería era avergonzarlos. Él le dio en tono firme aquella –casi- orden que la llenaría de ganas. Ella asentiría. A partir de allí todo seguiría su curso.

Decidió que quería competir en la categoría Senior, la más exigente del kartismo nacional. Pero su
padre le dio una advertencia: si quería hacerlo tendría que buscar sus propios medios para lograrlo.
Él no la podía ayudar. Y cuando en marzo la familia vivió la trágica desaparición de Goody, Grace decidió actuar como él hubiera deseado. «El karting me ha enseñado más que cualquier otra cosa», dice. Fue ese deporte el que la hizo salir adelante con respecto a la muerte de su padre. «Allí es donde sentía que estaba con él, allí sentía que me hablaba». Así que, más convencida que nunca, se puso el uniforme, el casco y se lanzó a las pistas. Sus amigos la ayudaron regalándole un kart de segunda. Luego se encargó de cargar con el peso de su propio sueño.

Para conseguir auspicios empezó a mandar correos a diario, averiguar el nombre de quienes estaban detrás de las marcas que podrían apoyarla. Preguntaba por contactos a las personas del circuito. Se creó un fanpage [que hoy ya cuenta con más de diez mil seguidores]. Conseguía el dinero de donde podía. Esto solo le ayudó a correr tres competencias. Para terminar las competencias del 2016 tuvo que pedir ayuda a unos tíos. Estar metida en esa pequeña cabina y correr a toda velocidad le enseñó a luchar por algo. «El karting me hizo crecer», dice. Aprendió algo valioso: así como en la pista es muy posible salir disparado en la dirección equivocada, como le pasó aquella primera vez en Santa Rosa, también es posible ir a parar en el lugar correcto, rodeada de la gente correcta.

El año pasado Grace se consagró por primera vez campeona nacional de karting luego de la última fecha del campeonato Nacional. Ese fue su segundo torneo oficial de karts, puesto que hacía unos meses había ganado el segundo puesto en el X30 Challenge Perú. También fue galardonada en México en el marco de los FIA Americas Awards. Fue nominada por la Asociación Women in Motorsport Perú, que promueve la presencia femenina en este tipo de deportes. Recibió un trofeo tras la gran temporada que realizó en el país durante el año. Y la motivó a seguir su camino sobre ruedas. «Correr es un sentimiento muy difícil de explicar. Es como encontrarse con uno mismo», finaliza. Luego suspira.

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