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Hambre de mar

El tablista peruano Álvaro Malpartida desafiará en enero, en el Monster Energy Pipeline Pro Billabong, a una de las olas más brutales del planeta. Y dice no temerle.

Por: Christian Reto | Fotografía: Oliver Lecca

Puede sonar a la furia de Poseidón contra Ulises, pero esto no es mitología. Banzai Pipeline, o Pipeline, a secas, es una ola hawaiana que alcanza más de seis metros, revienta por ambos lados, y en cuyas fauces se ha desvanecido la vida de más de un tablista. Álvaro se enfrentará a ella por novena vez en su vida.

Cuenta que la conoció tarde, en 2008, cuando tenía 25 años. «Lo que pasa es que cuando empecé en el surf, a los 18, yo vivía en Australia. Estudiaba diseño y me quedaba lejos Hawái. Si hubiera estado acá [en Perú], hubiera sido diferente; pero solo venía para las navidades». Claro, en Australia, su relación con la tabla era más un hobby que otra cosa.

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Su hambre de competencia recién despertaría en 2006, cuando regresó a Perú y se le presentó la oportunidad de correr profesionalmente. Después de participar en algunas competencias, con lo que sería un desafío hacia su experiencia, se animó a enfrentar la ira de Pipe. Hizo maletas y se fue para Hawái.

El libro The History of Surfing, de Matt Warshaw, hace referencia a esta ola contando una tragedia sucedida en 1967, una que llevó el nombre de un peruano: Joaquín Miró Quesada. Él, que fue uno de los mayores exponentes del surf nacional en los sesenta, se estrelló contra un arrecife luego de correr una ola donde se entubó sin poder salir. Se rompió el cuello y murió cuatro horas después. Suele decirse que, desde aquel entonces y aproximadamente cada tres años, Pipeline reclama un surfista. La lista se extiende con el pasar del tiempo.

«Joaquín Miró Quesada fue uno de los mejores tablistas del Perú», dice Álvaro. «Pero la verdad es como si en ese accidente se lo hubieran llevado los ángeles». Aunque para Malpartida su vida frente a Pipeline no corre riesgo alguno, y dice ni siquiera pensar en ello, sí mantiene un sentimiento compartido por todo aquel que monta una tabla sobre su marea: respeto.

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Aquella primera vez, con Pipe al frente, Álvaro sintió miedo. Las paredes de agua reventaban frente a él. «Fue grandioso, porque solo cuatro personas estábamos en el mar», dice. Se recostó boca abajo en su tabla y braceó hasta meterse al tubo. «Fue súper impresionante la amplitud de este. Jamás lo olvidaré», agrega. De hecho, su padre, quien ya tenía cierta fama en Hawái, cuenta que al oír los locales el apellido de aquel joven que había montado Pipeline inmediatamente lo relacionaron con él. Pero lo cierto es que un nuevo nombre se había inscrito sobre esa ola.

Por año, en promedio, diez son los tablistas peruanos que se arriesgan a correr la Pipe. Álvaro se reconoce entusiasta a pesar de haber caído anteriormente ante su grandeza: un año, la ola gigante le hirió un brazo y él salió del mar pidiendo clamor; pero él: para delante nomás. Cuando Álvaro regresó a Lima después de correr por primera vez una de las olas más desafiantes del mundo, los auspiciadores estaban más que complacidos. Y él, ni qué decir.

Murallas de agua

Pipeline no es la única ola de tal calibre que Álvaro ha enfrentado. Otra fue Jaws, en la isla Maui, también en Hawái, que alcanza hasta 20 metros y aparece una vez al año. «Es la más antigua, la más gigante y espeluznante», cuenta él. «Antes, solo podías correrla en jetsky».

En 2016, fue la segunda vez que Malpartida se deslizó sobre ella, acompañado de Miguel Tudela Chiozza y otros compinches. «Ya había agarrado un par de olas, pero los vientos eran fuertes y estas regresaban gigantes y se traían abajo a, por lo menos, diez surfistas», cuenta. A última hora se subió a Jaws, pero de pronto se dio cuenta aquello le iba a costar. Siguiendo su intuición le dijo a su compadre Miguelito Tudela: «Vámonos para afuera». En la retirada, de pronto, la gigante ola los atacó a traición y «lo limpió todo», arrastrando a Tudela y a él a un vórtice de donde ya no había escape. Una moto acuática los rescató.

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Ese sexto sentido, llamado por los deportistas presentimiento, es real; y en caso de Malpartida, gutural. «Yo le hago caso a lo que me dice el estómago», asegura. «Cualquier tablista de ola grande te lo va a decir: todo se trata de irte caminando a casa; no de que sea la última ola de tu vida». Ese día, frente a Jaws, le tocó salir ileso.

Malpartida ya está clasificado para el Monster Energy Pipeline Pro Billabong con 2725 puntos en el ranking Men’s Qualifying Series. Su última proeza la llevó a cabo en el Maui and Sons Arica Pro Tour, de Chile, donde quedó en segundo lugar después de Tomás Tudela, otro tablista nacional. Álvaro ha estado practicando en la playa Puerto Escondido, en Oaxaca, México, y a fin de año irá a Taiwán y China para obtener más puntos. Su idea de sumar más en el ranking es poder acceder a la segunda ronda del certamen directamente. Pero, una vez más, su enfrentamiento con una de las olas más desafiantes del mundo es un hecho.

Álvaro piensa que entrar a un tubo es una de las experiencias más espectaculares que puede ofrecer el surf. Y si la ofrece Pipeline, mejor aún. «Es mi maniobra favorita», dice el surfista. «Es la más simple porque podrías dibujar solo una línea y, si todo sale perfecto, vas a salir ileso; y la más difícil porque debes enfrentarte al tamaño y la agresividad de la ola. Y Pipe es grande y agresiva». Lo más loco es que él también ve un lado poético en todo este ejercicio de destreza. La primera vez que conoció la ola, se tomó un momento para apreciar el majestuoso peligro que representa. «Estar allí, mirando la fuerza con la que entra al arrecife es espectacular», subraya. Correr la Pipe para él no es una pesadilla; es puro sueño.

Queremos que así siga siendo.

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Paula Tagle es cantante, maquilladora y futura psicóloga. Comenzó grabando covers de Carlos Vives y ...