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Jugarse la gloria en el ring

El peleador de muay thai, Ian Escuza, acabó el 2017 con dos medallas de oro: una en el mundial de Bielorrusia y otra en el Sudamericano de Lima. El IPD lo reconoció con los Laureles Deportivos del Perú por sus logros. Esta es la historia de su lucha.

Acábalo, Ian, acábalo», le gritaban desde la tribuna. Ian Escuza se agitaba en el cuadrilátero. Repartía puñetes y patadas para hacerse con la victoria en la final del Campeonato Mundial IFMA [International Federation of Muaythai Amateur]. Su contrincante: un bielorruso llamado Raman Dounar, dueño de casa y favorito, había dado una pelea bastante pareja, arrinconando al peruano contra las cuerdas notoriamente en una oportunidad; pero esto no duraría mucho. Alguna vez el padre de Ian, Julio César Escuza, quien hasta los 22 fue jugador de fútbol en el equipo chalaco Sport Boys,queríaque su hijo siguiera sus pasos. Y así fue hasta los 14 años. En vez de meterse a un ring, Ian se ponía uniforme y chimpunes, y jugaba para el Deportivo La Punta. Sus patadas no apuntaban a una cara o a una pierna, sino a un balón. Metió goles, pero los olvidaría pronto. «Me aburrió porque siempre sentí presión familiar», recuerda. Lo suyo era jugarse la gloria con un par de guantes. Entonces le confesó a su papá que lo suyo no estaba en las canchas; lo suyo era el muay thai… Lo  imaginaron sangrando. Y no es para menos. «Hay sangre en todas las peleas. Pero yo nunca he sangrado; he hecho sangrar a la gente», dice. Ian confía en su destreza.

Este peleador tiene 21 y, como en Bielorrusia, repitió medalla de oro en el Sudamericano de Lima en diciembre del año pasado, en el Coliseo Chamochumbi deMagdalena. Proezas como tal hicieron que fuera reconocido por el IPD con los laureles deportivos en el grado Gran Cruz. «Mi 2017 quedó marcado para toda la vida –posteó en Instagram-. Siempre estaré agradecido con todos los que son parte de esto porque solo no lo he logrado». Segundos después de que el segundo round empezara, allá en Bielorrusia, Ian arremetió con todo lo que tuvo. La pelea no podía seguir a la par. «¡Acábalo!», le gritaron una vez más. Y así lo hizo. Una patada voladora directo hacia la cabeza de su contrincante, una combinación de puñetes: derecha, izquierda, derecha. Y luego una patada más. Raman Dounar intentó en vano patear a Escuza. Él lo tumbó con facilidad. Ian se acercó cuando lo vio de pie, lo abrazó, y con un rodillazo en el muslo -como a quemarropa-, lo dejó cojeando. Fin. Inmediatamente, el juez alzó los brazos y la pelea terminó. Ian se coronaba como el más fuerte: ya era el campeón del mundo.

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