/jquery.cycle.all.js
Inicio > Personajes > Mattia Guiaquinta – Desde Sicilia con amor

Mattia Guiaquinta – Desde Sicilia con amor

Los helados tienen el poder de hacernos sonreír casi al instante. La materia prima de la fruta, combinada con otros ingredientes, da color a las vitrinas de Monterosso Gelateria.

Texto: Senna González | Fotografías: Alonso Molina

La vida transcurre en un sinfín de colores. El niño que elige “eso rojo de ahí”, la niña que grita “¡quiero la muñeca celeste!”, el azul del mar y el verde del prado. Muchas veces ignoramos el nombre de las cosas que nos rodean, pero nunca sus colores. En el norte de la región central de Italia, en las calles de Florencia, cada tarde, al regresar a la casa de su padre, Mattia Giaquinta pedía el helado de merengue blanco con base de leche y chocolate encima. La emoción que sintió al probarlo se quedó impregnada en sus recuerdos. Han pasado 17 años de aquel episodio.

Cuando Mattia terminó la escuela, decidió unir sus dos pasiones: el arte y la gastronomía. Se mudó a Sicilia para estudiar heladería con una familia que llevaba en el negocio tres generaciones. En Bar Heladería Terranova, Mattia aprendió teoría, analizó la materia prima de las frutas, convivió con máquinas durante un año y realizó miles de balanceamientos en hojas. Fueron dos años de aprendizaje helado.

Su padre y su hermano ya tenían tiempo viviendo en Perú, así que cuando la oportunidad de mudarse llegó, Mattia viajó a Lima para abrir Monterosso Gelateria, una heladería dedicada a compartir experiencias y conectar los colores con las emociones. “Aquí en el Perú existe una cultura frutera mucho más grande que en mi país. Hay una mayor variedad de sabores”, refiere. El país le otorgó la materia prima que necesitaba para emplear su técnica artesanal italiana. Barranco fue el lugar perfecto para concretar ese sueño.

Mattia no teme compartir su técnica. Primero selecciona los insumos principales, después realiza el balanceamiento (las medidas de los ingredientes,) y, por último, la fórmula: la fruta y los complementos que le proporcionarán el sabor indicado. “En Bar Heladería Terranova, Mattia aprendió teoría, analizó la materia prima de las frutas, convivió con máquinas y realizó miles de balanceamientos en hojas.”

Siempre espera una reacción. Una ligera contracción en el rostro que denote placer. El acto de comer un helado es íntimo, personal, trae a la memoria la infancia. Eso es lo que anima a Giaquinta cada mañana antes de abrir: las reacciones de sus clientes. Los colores de sus helados tienen vida, la misma que recuerda cada vez que alguien se lleva la paleta a los labios. Es como regresar a las calles de Florencia, una vez más.

 

Comentarios

comentarios

Notas de interés

Sofía Barrios – Chica Asia Sur

La estudiante de Administración habla de una vida llena de recuerdos y de nostalgia que ...