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Dos a bordo

Mafer Neyra y Hugo García hacen espacio en sus agendas llenas de viajes, sesiones de fotos y concursos de televisión para relajarse en esta conversación que trata sobre su relación y las expectativas que tienen de la misma.

El 25 de marzo, Mafer y Hugo cumplieron tres años de relación. Incontables celebra- ciones y fechas especiales juntos. Su primer año lo celebraron viajando. Hugo le dijo a ella que la pasarían en un viaje de trabajo en Máncora y, cuando llegaron al aeropuerto Jorge Chávez, Mafer vio su boarding pass y cayó en la cuenta de que el destino era Punta Cana. ¡Sorpresa! «Aproveché porque es medio distraída», juega Hugo.

Pero antes de armar aquella jugada, él tuvo que conseguir el permiso del padre de su enamorada. Era su primer viaje juntos fuera del país. No podía ser de otra forma. Así que usó la vieja confiable. «Dejé que su mamá se hiciera cargo», recuerda entre risas. Y en efecto, la madre de Mafer intercedió y le explicó al padre que un viaje era propicio para celebrar. Así que fueron.

Con el tiempo, ¿ha bajado eso de celebrar? ¿Cómo pasaron el segundo año?

Mafer: Bueno, es que ese primero también coincidía con Semana San- ta. Pero… el segundo… ¿Qué hicimos el segundo? ¡Ah, ya me acordé! Tuve que irme de viaje. Trabajaba con una marca y debía irme a un evento afuera y él tenía que ir a trabajar. Igual lo celebramos un día antes. Hugo: Sí, y este año nos vamos a Paracas.

Se han tatuado en sus muñecas la fecha de su aniversario en números romanos. ¿De quién fue la idea?

M: Estábamos en Paracas, en un momento romántico en la piscina tomando sol y…

H: Le dije: Sabes, me quiero hacer un tatuaje, y ella me dijo: yo también. Ambos estábamos seguros de que nos amábamos y que podíamos hacerla.

M: Y fue la fecha porque siempre he oído que tatuarte los nombres trae mala suerte. Así que ni hablar. Ya en Lima, a los seis meses, nos hicimos los tatuajes.

¿Y si acaban?

M: Yo lo tomo profesionalmente, como una linda etapa de mi vida. Pero igual sé que no vamos
a terminar.

¿Los presionan para casarse?

H: Como la gente ya ve bodas televisadas creen que la de nosotros tiene que ser así.
M: Y tiene que ser mejor, ¡por si acaso, ah! Pero no quiero algo súper ostentoso, sino más romántico. Sueño con casarme en la playa, en una ceremonia elegante, bonita. Lo que sí, quiero un anillón. Hay que invertir bien eso.

¿Le mandas fotos a él de cómo debe ser ese anillo?

H: Ufff. Cada viaje que hacemos vamos de frente a la tienda de anillos. Y yo, solo apunto. Yo ni sabía de calidad, color, tamaño, peso, así que me estoy informando poco a poco.

Mejor uno de esos en forma de chupón de caramelo, ¿no?

H: [Risas] Claro, ya que quiere un anillón. Esa es.
M: Como broma, que me entregué eso está bien; pero cuando llegué el momento de verdad, tiene que planear las cosas bien. Allí sí, nada de bromas.

Sé que quieren convivir, ¿cómo lo están planeando?

H: Pues, ella ya se está metiendo a clase de cocina o de cómo ordenar la ropa, porque es más desordena- da. Cuando viajamos y llegamos al hotel, ella tira todo. Pero yo separo mi parte de la suya, porque yo ordeno mis cosas.

M: [Risas] Es que Hugo está acostumbrado a que le hagan todo. Como su mamá cocina riquísimo, él está súper engreído en casa, y piensa que cuando nos vayamos a vivir juntos va a seguir siendo mimado y yo haré todo. Lo que él no sabe es que no. Nos vamos a turnar. Al me- nos, sé que Hugo sabe freír un pollo. H: [Risas] Sí, y ella le habla al pollo. Lo que no quiero es que mis desayunos sean tostadas con mantequillas.

 

Hay que dejar la mamitis, entonces.

M: Igual, ellos no se meten en nuestra relación. Donde nos aconsejan más son en temas de trabajo.

H: Además, yo me llevo bien con sus padres. Mientras que ella está en cama viendo una serie, yo estoy con su papá moteando o con su mamá tomando una chela. Ellos también me engríen.

 

Mafer, he leído que tienes tus reservas para que Hugo salga solo, ¿por qué?

H: ¡Uy, despertó el Grinch!

M: Bueno, ahora me dejas hablar a mí. Yo confío en él, pero hoy en día, en este ambiente, el de la televisión… he visto que hay chicas que se dan su lugar, pero también otras que no. Él puede portarse bien, pero sé que hay mujeres rondando con malas intenciones que pueden decir ser sus amigas, pero no lo son. Por eso, no me gusta que salga solo, sino conmigo. Además… él también piensa lo mismo y se hace el que no.

H: Es que… tiene que ser de mutuo acuerdo. La cosa es, si voy a salir solo, iré a un bar a tomar una chela. Porque si voy a una discoteca estaré parado, amarrado con una correa… entonces no. Además, me pueden grabar. Y van a decir: ¿Y Hugo que hace allí parado en la discoteca? Y nos pueden crear toda una historia de que terminamos.

¿Eso no es caer en el control?

H: A mí mis patas me vacilan, me llaman pisado. O cuando la ven, dicen: Allí viene la jefa. Pero preferimos evitar el morbo, dar que hablar. Luego inventan historias.

M: No hay control. Si tiene que viajar por chamba, para hacer shows, confío en él.

H: Hace poco ella se fue de viaje. Y en sus redes le escribieron: Acabo de ver a Hugo en el Boulevard de Asia con una chica. Y yo como respuesta mandé una foto jugando Play con mis amigos. Inventan cosas.

M: A veces, no hemos publicado fotos por una semana y la gente especula que por eso ya estamos separados. Y tenemos que volver a aparecer con una foto explicando que todo está bien.

¿Tienen planes para este año?

M: Tenemos programados muchos trabajos y viajes. Y vamos a evaluar mudarnos juntos.

H: Otra cosa es que tenemos nuestro propio lenguaje. Por ejemplo… Yo le digo Tintín. Así nos comunicamos.

Mafer, y tú cómo lo llamas ¿tontón?

M: [Ríe] Noooo. Igual, Tintín. Mis amigas se ríen cuando nos escuchan hablar por teléfono.

H: Así somos.

 

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