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Jesús Alzamora y María Paz Gonzáles-Vigil – Un amor como el nuestro

Se conocieron frente a una cámara: él la entrevistaba con el micrófono de Polizontes y ella respondía sonriente. Ocho años después, han formado una familia tan amorosa, como genuina e independiente. Para ellos, el secreto está en no dejar de ser uno mismo.

Texto: Alejandra Travi | Fotografías: Oliver Lecca

A mediados del 2012 ocurrió el primer encuentro. En ese entonces, él era conductor de Polizontes. Como todos los fines de semana, con micrófono en mano y el reflector de una cámara al lado, recorría un evento limeño. A lo lejos, junto a algunas amigas, ella tomaba un trago. No era la primera vez que él la veía. Había seguido su carrera de modelaje en Habacilar y en otras pasarelas. “Siempre pensé que era la mujer más bonita del Perú”, dice Jesús Alzamora mientras ella lo observa con dulzura. Respiró profundo, se aclaró la garganta y caminó hacia ella. Tenía una buena excusa para hablarle: una entrevista. Disimuladamente —o quizás no tanto—, comenzó el cortejo.

Ella ya sabía de él por Polizontes. Poco tiempo antes del primer encuentro, se habían cruzado en un concierto. “Traté de lanzarle unas cuantas miradas, pero no me dio bola”, recuerda María Paz Gonzales-Vigil. Ella sonríe mientras él la observa detenidamente. Conversaba con sus amigas, cuando lo vio acercarse con el micrófono y la cámara. Estaba nerviosa. El reflector la alumbró y él inició una entrevista casual. Ella le recordó aquel concierto y el desencuentro, ambos rieron. Pasaron unos minutos y la luz de la cámara se apagó. Le pidió su número y ella se lo dio, con la promesa de acordar una próxima cita. La química entre ambos se sintió en todo el lugar.

Sin saberlo, habían comenzado a escribir una historia de amor real que duraría años. Unos días después, Jesús la llamó y la invitó a salir. Se juntarían por la noche en un bar miraflorino. Un tanto nerviosos, sin conocerse mucho, se sentaron a conversar, beber y comer. Fue una de esas citas que no suelen repetirse nunca: risas, miradas pícaras, bromas, una fuerte conexión.

UN EMBARAZO INESPERADO
Verano del 2016. Faltaba una hora para que Jesús saliera al aire por primera vez como conductor principal en señal abierta: decenas de cámaras, pautas, polvos en el rostro y muchos nervios. De pronto, en medio de la espera, le llegó un correo electrónico a su celular. Eran los resultados de una prueba de sangre que llevaba el nombre María Paz. “Me había hecho un análisis de sangre porque había tenido un retraso, pero no le había contado nada”, recuerda la modelo peruana.

Mientras María Paz, en casa, intentaba descifrar los resultados, la llamó Jesús. “¿Estás embarazada?”, preguntó sin rodeos. “No sé. Estoy tratando de entender las cifras. ¿No prefieres hablarlo cuando estemos juntos?”. “No, dime ahorita por favor”. Un par de insistencias más tarde, ella respondió “sí estoy”. Aquel día Jesús inició su carrera de conducción en Los Reyes del Playback y se enteró que sería padre. Un nuevo capítulo llegaba a la vida de la pareja.

Al principio Jesús sintió miedo. Con el pasar de las semanas, esa sensación se fue y se instaló en la mente de María Paz. “Las personas te llenan de temores. Te dicen que te despidas del descanso, de tu vida social, de los viajes; que ser padres es difícil, que la pasas mal. Pero no es cierto”, dice el conductor de televisión. La pareja, que lleva un año de casada, jamás vio la paternidad como un sacrificio. No han dejado de salir a bailar o a cenar, de hacer deporte,
tampoco han dejado de trabajar, viajar o estudiar. “Nunca es tarde para hacer lo que deseamos”, dicen al unísono.

Ambos han recibido críticas por la forma en la que llevan su vida de pareja. “Me ha pasado que cuento que me estoy yendo de viaje sin Jesús y me preguntan ‘¿qué? ¿te dio permiso para que te vayas?’ como si dependiera de él que yo haga algo”, cuenta la influencer de moda. “O gente que me dice ‘¿has dejado que vaya con sus amigas a una discoteca? Va a bailar con otros’”, agrega el artista. La de ellos es una relación saludable, sin prohibiciones, donde predomina la confianza y la conversación.

SONRISAS Y JUEGOS
Los juguetes de Vicente adornan la sala. Hay carros, bloques y superhéroes sobre la alfombra. En la mesa de vidrio,
reposa una pista de carreras. El pequeño, de tres años, juega, salta, corre. Está lleno de energía, la misma energía de Jesús cuando animaba los castings de Yo Soy. “Me lastimé el dedo, mami”, le dice a Paz con cara compungida. “Ay, mi amor. Pobre dedito. Sana, sana colita de rana, si no sanas hoy, sanarás mañana. Ya está”, le dice con ojos de amor. Le da un beso en el dedo mientras Jesús le acaricia el cabello. Vicente abraza a su mamá aún más fuerte y regresa al juego.

Los días en la familia Alzamora Gonzales-Vigil transcurren así: entre sonrisas genuinas y juegos, una dósis exacta de
aprendizaje y amor. Acostumbran pasear por los parques de Miraflores, pasar las tardes en la playa o en el campo, comer rico, tener maratones de series y películas y conocer otros países. A su corta edad, el pequeño Vicente ha visitado Uruguay, Miami, Los Ángeles, Punta Cana y Disney World.

“Estamos descubriendo y experimentando la paternidad”, dice Jesús. “Creo que el secreto está en no dejar de ser uno mismo. Ahora tenemos una gran responsabilidad, pero no quiere decir que dejemos de hacer lo que nos gusta”, agrega Paz. Desean tener otro hijo pronto, pero aún no hay nada planeado. Por ahora, continúan con sus proyectos laborales, como el programa de YouTube La Banca, que dirige Jesús; o la representación de marcas que realiza Paz.

Ellos saben que el tiempo pasa volando. Por eso, también intentan disfrutar sus días con Vicente, de su personalidad excéntrica, su curiosidad por la naturaleza, de la gran energía que posee y del amor que genera en todos los que lo rodean.

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