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Los placeres del mat

En esta entrevista, Loly Rehder habla de lo que significa para ella el yoga, la meditación, Bali, su lugar favorito en el mundo, el perdón y la conexión con aquellos que más ama.

Loly mantiene la paz mientras al lado de su departamento barranquino se oye el traqueteo de una construcción. Lo ignora. Y todos los presentes lo ignoramos también para oír su voz, que suena a mantras. Ella es una profetisa de la palabra de Buda. Durante el verano, y solo por esa temporada, ha estado escribiendo en su blog ‘Del mat al mar’ para que la gente sepa más del yoga. «Hay un malentendido de lo que realmente es: se describe por la parte física. Ves la foto del yogui haciendo posturas, pero es difícil describir lo que es la meditación», dice.

¿Cuál es el perfil de los que estudian yoga?

Normalmente, el yoga llega a ti por diferentes motivos. Lo más común es el estrés. Pero también llega por lesiones físicas; ese camino fue el mío. A los 12, mi padre contrató a una maestra para enseñarme la disciplina y la probé por un año, pero no era mi momento. No sería hasta tiempo más tarde, luego de fracturarme una vértebra mientras navegaba en kayak por las cosas de Hawái, que encontraría en el yoga un camino para estar en paz. Más adelante, cursaría un profesorado de yoga [en Costa Rica]. Ahora, para mí el yoga ya no es físico, para mí es… un toque, ¿no hace mucho calor? Loly mira hacia las hélices de su ventilador de piso. «¿Está bien el aire así o mejor vamos al Yoga Shala?», pregunta. Tiene que explicar que el shala es su espacio para meditar. Una zona yogui en su casa. Al final, el calor desapareció de pronto y la entrevista continuó.

Entonces, para ti ahora el yoga es…
Más espiritual. Nadie nace sabiendo cómo ser humano. Te inculcan a ser competitivo y tienes que aprender a ir en paz. Si tienes dolor físico, nunca vas a poder meditar, porque el dolor físico te distrae. Eso les pasa a muchos principiantes porque no se sienten bien con su cuerpo. La idea es liberarte del cuerpo físico.

¿Te has orientado al lado más religioso?
Nunca entendí el tema del catolicismo… con el perdón. En el budismo, en cambio, se estudiamuy bien al ser humano y tienen la filosofía de que todos sufrimos. No está mal, no es anormal sufrir. Pero sufrimos porque creemos que tenemos control sobre las cosas. Te botaron de tu chamba, eso podría pasar, pero tú quieres creer que no, que te va a durar para siempre; igual con tu pareja. Vivimos en una vida fantasiosa donde creemos que todo durará. La idea es aceptar la impermanencia de las cosas. El budismo te enseña eso. Esa palabra es clave… Mira este budita.

Ella me enseña una pequeña estatua de Buda que, en lugar de mostrar la palma y estar en posición de loto, está recostado y haciendo con dos dedos el símbolo de amor y paz. «¿Ves? Este Buda está feliz. Es el estado al que debemos llegar», ríe. El Buda se lo regaló su padre el año pasado mientras buscaban libros en Nueva York. «Este es un Buda cool, fluye con la vida». No es el caso de muchas religiones. Lo que pasa es que Buda no es un dios. Cualquier persona que se ilumina, que sale de la fantasía y acepta la impermanencia, puede ser un Buda. Tú. Yo.

¿Qué es lo último que has perdonado?
He perdonado al que se me cruzó con su carro. Cuando llegaba a mi casa, dejé ir la rabia que me causó. Es un tipo de perdón. También, me he perdonado a mí misma por molestarme el otro día, por no vivir ‘dejando fluir’. Incluso me molesta este ruido de la construcción [el traqueteo continúa], y podría molestarme conmigo por eso, pero digo ‘bahhh’.

Cuéntame sobre tus retiros.
Por tres años seguidos dicté clases semanales en Barranco, pero una de mis pasiones también es viajar. Si lo haces, la transformación es más fuerte porque escapas de la rutina. Los retiros pueden durar un fin de semana o más. En mayo iré a Bali, Indonesia, junto a treinta alumnas. A Bali ya he ido 11 veces, tengo una conexión con el lugar. Además, el hinduismo balinés es alegre: se visten de colores para hacer ofrendas a sus dioses, como el elefante Ganesha. Es una vibra bien bonita. He hecho de todo para estar cerca de Bali, como estudiar en Australia. Así que ahora toca llevar gente.

Has mencionado a tu padre, ¿tienes una relación fuerte con él?
Él es bien parecido a mí. Es la razón por la que corro tabla. Comparto ciertas pasiones con él que marcaron mi camino. Eso sí, es muy competitivo, y ahora chocamos porque yo estoy en una etapa anticompetitividad. Él era bróker de seguros, se acaba de retirar y ahora está en libertad, haciendo esquí de montaña. De él saqué mi lado aventurero.

Él te quería ver competitiva.
Sí, cuando competía en atletismo en el cole, si no ganaba, yo lloraba. Nunca me gustó competir en el surfing. Fue más un hobby. Puedo ir al mar sin coger una ola, estar echada y relajada. Pero tiene que haber un balance.

¿Por qué?
Porque puedes perder la viada.

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