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Rui Pereira – Cálido invierno

Cuando entendió que para vivir de la música era menester dedicarle todo su tiempo, Rui Pereira dejó su próspero trabajo como publicista para embarcarse por completo en un viaje tan emocionante como incierto.

Texto: Senna González | Fotografías: Oliver Lecca

Los inviernos nunca eran fríos en la cuadra 2 de Manco Cápac, en Miraflores. Alejado de las peleas, el caos y la violencia que implicaba pertenecer a una familia que se estaba desmoronando, el pequeño Rui Pereira soñaba con ser músico. Su padre era un reconocido cantante; su madre, artista. Y a pesar de haber vivido rodeado de bohemia, él fue influenciado por los boleros cubanos y la música clásica que escuchaban sus abuelos. Cuando la relación de sus padres llegó a su fin, Rui eligió quedarse con ellos. La casa de Manco Cápac le otorgó aquella anhelada estabilidad. Por esa razón, lleva tatuada esa dirección en su brazo izquierdo. “Mis abuelos siempre fueron el cable a tierra para mí”, recuerda en su departamento en la calle Berlín.

A los trece años, Rui se mudó con su padre y su tío a Punta Negra. Fueron cuatro meses de encierro creativo. La unión con su progenitor se intensificó en términos musicales y el adolescente atestiguó la concepción de un álbum desde sus inicios.

La música siempre estuvo presente en su vida. Incluso cuando estudió Diseño Gráfico y luego cuando se topó con la Publicidad y el Marketing. “Me encantó el lado creativo de la Publicidad, al igual que el lado estratégico del Marketing”, evoca el cantante. A inicios del 2012, con la formación de Tourista, Rui fue capaz de aplicar lo que había estudiado durante años. El music content o crear contenido para marcas fue la herramienta propulsora que ayudó a la banda de sonidos experimentales (dembow, pop, indie rock, pop alternativo, etc.) a hacerse conocida. En una era
donde los “líderes de opinión” aún no eran influencers y los músicos seguían sin descubrir el poder de las brands, Tourista marcó la diferencia al trabajar con Frends o Sabre, marcas de audífonos y lentes, respectivamente.

Pero antes de que Rui pudiera vivir de la música en el 2016, soportó un largo, “frío” y “cruel” invierno. Renunció a su trabajo en una agencia publicitaria, se mudó a la nublada Punta Hermosa y vivió de sus ahorros con un solo objetivo: escribir ese álbum que llevaba años guardado en el baúl de los recuerdos. Estuvo solo durante tantos meses que más de una vez tuvo que hablar en voz alta para recordar cómo sonaba.

Aceptar que la música era un trabajo a tiempo completo y comprometerse junto a sus dos amigos, socios y compañeros de banda —Sandro Labenita y Ricardo Gutiérrez—, fue suficiente para que Tourista lograra hacer un tour por varios países del mundo: México, Estados Unidos, Chile, Argentina, entre otros. Una mezcla de perseverancia, resiliencia y pasión fue clave para sacar adelante el proyecto musical.

Rui es consciente de que la publicidad le brindó el conocimiento necesario para realizar estrategias de marketing y comunicación. Renunció a ella, pero jamás se separó del todo. El invierno pasó a ser cálido cuando entendió una cosa: o vives haciendo música o vives de ella.

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