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Una nueva Vania Masías

Pasó de ser bailarina de ballet en Londres a ser gestora cultural. después de diez años, Vania cuenta con seis locales de d1 en lima, la escuela donde se aprende a danzar, pero sobre todo, a vivir.

«Si el limeño bailara no tocaría la bocina». En la parte trasera de un auto, en medio del tráfico de la avenida Javier Prado a las seis y media de la tarde, Vania lanza una hipótesis para resolver un problema de la ciudad. Hace diez años comenzó a resolver uno mucho más grave: que jóvenes de la calle encontraran en la danza un hogar.

Ayer, a esta misma hora, Vania hacía su entrada al salón principal de D1, su asociación cultural, para enseñarles pasos básicos de jazz a treinta y dos personas. Sesenta y cuatro pies haciendo retumbar con sonidos secos el piso de madera siguiendo los pasos de una sola mujer, la misma que dejó la compañía de ballet de Irlanda para cambiarle la vida a cientos de jóvenes peruanos.

¿Por qué bailas, Vania?

La pregunta encuentra respuesta entre un semáforo rojo y la bocina de un taxi. Es una pregunta necia, como preguntarle a un niño por qué juega. «Porque si no lo hago me muero».

¿Te has detenido a pensar en las vidas que cambiaste?

No, no lo he hecho.

¿No te dices: ¡Yo logré esto!?

¡No! ¡Estás loco!… Bueno, quizá sí. Pero si me detengo a pensar en eso no avanzo. Pero sí, ¿no? Yo creo mucho en el poder de la mente. Si pones toda tu energía en las cosas que deseas, van a terminar sucediendo.

En este momento, mientras responde las preguntas, Vania piensa también en cómo conseguir los veinte mil dólares que faltan para la realización del festival internacional de cultura urbana Pura Calle Perú 2015. «Un anunciante se acaba de retirar y nos ha dejado un poco en la calle». El año pasado este mismo festival convocó a doscientos mil personas de todo el mundo. Este año se espera recibir cincuenta mil personas más. La organización cuesta doscientos mil dólares. Ya consiguió ciento ochenta mil. «No sé cómo, pero lo que falta aparecerá, estoy segura de eso».

Dijiste una vez que la sabiduría reside también en saber cuándo detenerse. ¿En estos diez años pensaste en algún momento en parar?

Un montón de veces. Pero al día siguiente me levantaba con más energía para romperla. Siento que los retos son una bendición. Hace unos días Vania hizo un ejercicio de introspección con su equipo más cercano de D1. Trataba sobre traer el primer recuerdo que tuvieran sobre la asociación cultural. Uno de los chicos compartió el suyo. Él pertenecía a la barra brava de Alianza Lima, estaba metido en pandillas y se dedicaba a robar. Un día, en una combi, desesperado, pensando en qué sería de su vida, vio en un semáforo a un muchacho girando de cabeza. La imagen se le grabó. Un tiempo después, en su colegio, hubo una presentación de D1. Entonces lo volvió a ver. Se acercó, lo abrazó y le dijo: «Enséñame lo que tú haces». A raíz de eso, todos los días de su vida le va a agradecer haberle cambiado la vida.

¿Existe alguna diferencia entre las personas que bailan y las que no?

Las personas que no bailan tienen menos libertad. Son personas mucho más rígidas. Generalmente las personas que no
quieren bailar son personas que suelen tener todo estructurado. Se protegen bajo una estructura.

¿El peruano sabe bailar?

Sí. El Perú es un país que danza.

¿Cómo es el peruano cuando danza?

La verdad es que hay de todo. Pero si hablamos de un contexto competitivo, mira lo que ha pasado con Michael Grijalva, uno de los líderes de D1. Se fue a Barcelona y ganó, se fue a Austria y ganó. Luis Carrera también. Se fue a Brasil y ganó.

¿Y qué los hace tan buenos?

Ganan porque están fuertes acá adentro [dice y se toca el pecho]. Si tú me preguntas cómo eran ellos hace diez años, yo te diría que los chicos sabían moverse; pero sin creérsela. Se movían con complejo, con sumisión.

Bailar es…

Bailar es como tirarse a un abismo. Es como decir: ¡Qué mierda importa, este soy yo y qué importa lo que digan!

¿Qué canción no te cansarías de bailar nunca?

No hay nada que me guste más que Marc Anthony. Tampoco me cansaría de bailar funk, me encanta. Nunca me aburriré de James Brown. Mi esposo odia cuando me pongo funky, me voy sola bailando. Pero la salsa sí, le encanta.

¿Y reguetón?

No, no me gusta. Qué pena que nuestra juventud solo quiera escuchar reguetón. Hay tanta música por escuchar.

Sé que estuviste en muchas audiciones en Londres. ¿Son tan difíciles como se ven en las películas?

Sí. Los jurados te sacan de inmediato desde que te paras y presentas; y si no tuviste ese primer impacto o no les llamaste la atención, te dicen muchas gracias, chau. Puedes durar treinta segundo en una audición.

¿Alguna vez te dijeron «muchas gracias, chau»?

Sí.

¿Cuánto fue lo menos que duraste en una audición?

Sesenta segundos.

Y cuando te dicen que no…

Te caes, te duele y te tienes que levantarte. O te quedas en el piso o te levantas con más fuerza. Yo me levantaba al día siguiente a entrenar cinco veces más.

¿A cuántas audiciones fuiste?

Escúchame, audicionaba tres veces al día. Hice el casting para la audición de la presentación de Michael Jackson en Londres, llegué a la final pero me hicieron cantar y me quedé ahí. Muchas gracias, me dijeron.

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