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Verónica Penagos – Los trazos de Verona

Su obra consiste en reconocer, profundizar y explorar las líneas del cuerpo humano en movimiento. La pintora de 29 años nos invita a transgredir los sistemas y estructuras establecidos.

Texto: Alejandra Travi | Fotografías: Alonso Molina

Una hoja en blanco, un lápiz de carboncillo y un chachachá. Verónica Penagos —Verona para los amigos y el arte— solo necesita estos tres elementos para crear. Oye cómo va de Tito Puente está sonando en su taller ubicado en Santiago de Surco. Las congas, timbales, bongós y el contrabajo atraviesan los parlantes, y su lápiz comienza a moverse al ritmo de aquella canción escrita en la década de los 60 bajo el sol de La Habana. Verona no solo oye, también experimenta y siente.

Lentamente, se deja llevar por aquellos sonidos populares de raíces africanas. Cuando Verona dibuja, no existen límites.

El arte llegó a su vida durante la época universitaria. “Yo estudiaba Arquitectura y la carrera se volvió agobiante. El dibujo fue una forma de catarsis”, recuerda la artista de 29 años. Aquellos retratos de salón se fueron transformando en trazos todavía más profundos. Verona deseaba ir más allá de lo establecido, transgredir las estructuras típicas
del arte. En esa exploración —y mientras tomaba clases de salsa— el cuerpo humano llamó su atención.

Leyendo al antropólogo británico Tim Ingold, quien examina el uso de las líneas en las culturas, decidió probar algo distinto: representar al cuerpo de forma figurativa y dinámica, como una sola línea desenvuelta o hasta como una mancha. “Me gusta mucho ver el cuerpo entrelazado con otros, como cuando se baila salsa. Verme a mí misma, pero
en la totalidad del vínculo con los otros”, sostiene Verona, quien acaba de volver de Barcelona tras hacer un Master de Investigación en Arte y Diseño en las universidades EINA y UAB.

El proceso continúa cuando las melodías se detienen. Con el lápiz de carboncillo les da forma a los trazos, los moldea. Poco a poco, aparecen figuras humanas unidas entre ellas que pueden o no ser pintadas con tintas acrílicas. “Mis trabajos son modos de percepción desde un cuerpo en continuo devenir, fruto de un proceso multidisciplinario entre danza, reflexión poética y trazo”, dice. La artista es admiradora de las líneas del pintor Egon Schiele, del bagaje psicológico en la obra de la artista y escultora Louise Bourgeois, y de los ambientes que genera el pintor Henri de Toulouse-Lautrec.

Actualmente, Verona organiza una muestra personal para el mes de octubre. En ella mostrará lo que la mente de una artista puede crear cuando sobrepasa los límites establecidos.

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